El cese de actividades del frigorífico San Roque, ubicado en Morón, ha reactivado la preocupación en el sector cárnico. La compañía confirmó la clausura definitiva de su planta y la desvinculación de 140 empleados, en un contexto caracterizado por una marcada retracción del consumo y modificaciones en el panorama económico.
La medida se implementó el viernes 27 de febrero y se notificó formalmente a los trabajadores mediante una misiva. En la misma, la empresa esgrimió que la continuidad productiva se tornó “inviable” debido a factores exógenos que alteran las condiciones comerciales.
En la comunicación, la firma señaló “drásticos cambios en las condiciones económicas del país” y objetó la “indiscriminada apertura comercial”. Sostuvo que esta política incentiva la importación de productos cárnicos sin los controles pertinentes. Asimismo, enfatizó la significativa merma del consumo interno como uno de los principales desencadenantes.
El documento advierte que las nuevas circunstancias impactaron directamente en la estructura de costos y en la competitividad del establecimiento. Según la compañía, la conjugación de menor demanda y mayores presiones financieras precipitó la toma de esta decisión.
Audiencia en la Cartera de Trabajo
Tras los despidos, el lunes se celebró una audiencia en el Ministerio de Trabajo de la provincia de Buenos Aires. Participaron representantes de la empresa y de los trabajadores con el propósito de abordar la liquidación final y evaluar alternativas que mitiguen el impacto social en el partido de Morón.
La clausura del frigorífico deja a 140 núcleos familiares sin ingresos en un distrito afectado por la disminución del empleo industrial. El sector cárnico, que ya exhibía indicios de ralentización, suma un nuevo episodio de crisis corporativa.
Otra planta frigorífica con dificultades
La presente situación no constituye un hecho aislado. El caso de San Roque se suma al del frigorífico General Pico, reconocido por la elaboración de las hamburguesas Paty, el cual recientemente desvinculó a 194 empleados y atraviesa una delicada coyuntura financiera.
La empresa, vinculada al empresario Ernesto “Tito” Lowenstein, acumula un pasivo superior a los $30.000 millones y su sostenibilidad está supeditada al ingreso de un nuevo inversor. Semanas atrás había dispuesto la suspensión de más de 450 operarios a causa de la contracción de las exportaciones y la presión de los costos, lo cual pone de manifiesto la profundidad de la crisis que afecta a la industria frigorífica.








