La magnitud de las aspiraciones chinas se pone de manifiesto en un plan anunciado en julio por Tian Qingfeng, subdirector del centro de fusión militar-civil de la Universidad Politécnica del Noroeste, que contempla el lanzamiento de más de 37,000 nuevos satélites entre 2024 y 2030, con el objetivo de asegurar entre 60,000 y 100,000 dispositivos en órbita terrestre baja (LEO). Según la normativa de la Unión Internacional de Telecomunicaciones, los recursos de frecuencia orbital se asignan bajo el principio de ‘primero en llegar, primero en servir’, lo cual impulsa la necesidad de acelerar los cronogramas de lanzamiento para no perder posiciones técnicas y comerciales, tal como comentó Tian en People’s Daily.
El texto académico ‘Introduction to Space Operations’, publicado en 2024 y revisado por Financial Times, establece el principio central de la doctrina china: ‘El potencial para controlar la Tierra controlando el espacio constituye un incentivo estratégico y militar poderoso’. Su autor, el especialista militar Jiang Lianju, señala que ‘el espacio ya está envuelto en humo de potencial conflicto’, y enfatiza que ‘el desarrollo de capacidades de guerra espacial se ha convertido en el centro de la carrera armamentística’.
Un reciente episodio de tensión tuvo lugar en abril, durante el encuentro entre el satélite estadounidense USA 324 y los satélites chinos TJS-16 y TJS-17. Mientras que China los presenta como vehículos de prueba para telecomunicaciones, Estados Unidos sospecha que están destinados a actividades de vigilancia, lo que ha exacerbado la desconfianza entre ambas naciones.
El general Chance Saltzman, al mando de la Fuerza Espacial de Estados Unidos, caracterizó las maniobras chinas como ‘combate cercano’ orbital en su testimonio ante la Comisión de Revisión Económica y de Seguridad Estados Unidos-China, y advirtió que ‘el espacio es un dominio de combate, no un conjunto de actividades accesorias’.
La delgada línea que separa las inspecciones rutinarias de las operaciones antisatélites se vuelve cada vez más borrosa, dado que muchos dispositivos poseen capacidades duales. El sistema militar estadounidense también refleja esta dualidad: el concepto de Comando y Control Conjunto de Todos los Dominios busca integrar datos de sensores para coordinar respuestas rápidas y eficientes. Sin embargo, una sola acción deliberada en el espacio podría desactivar el ‘sistema nervioso central’ del aparato militar y económico de cualquier nación.
La doctrina china propone el espacio como el escenario más versátil y efectivo para la disuasión estratégica, incluso por encima de su arsenal nuclear.








