En el contexto de la crisis en el estrecho de Ormuz, cerrado desde el inicio de la guerra el 28 de febrero, Yergin destacó que se trata de la mayor disrupción energética en la historia. En este sentido, ve en Argentina una oportunidad real, gracias a la ubicación de Vaca Muerta, una de las cuencas no convencionales más grandes a nivel global, y sin puntos de estrangulamiento. Sin embargo, también advierte sobre la necesidad de establecer un entorno de previsibilidad, estabilidad regulatoria y facilidades para repatriar ganancias, condiciones que Argentina aún necesita fortalecer para capitalizar su potencial. La entrevista se llevó a cabo a través de videollamada desde su oficina en Washington.
—¿Cuál es su perspectiva sobre la crisis del estrecho de Ormuz?
—Es, claramente, la mayor disrupción energética que el mundo haya visto jamás. Y ha durado mucho más de lo que nadie hubiera podido anticipar al principio. Día a día, no está claro si habrá algún tipo de resolución ni cuándo. A veces parece cambiar casi hora a hora. Pero la pregunta clave desde el punto de vista del suministro energético mundial es: ¿qué hace falta para que el estrecho de Ormuz vuelva a abrirse de manera significativa? Alrededor del 20% del petróleo mundial solía transitar por ese paso, y alrededor del 20% del gas natural licuado (GNL) mundial también. Una de las sorpresas para mucha gente fue darse cuenta de cuán integrada está la región del Golfo en la economía mundial: un tercio de los fertilizantes, el helio y el aluminio que se comercializan globalmente pasan por el estrecho. No es solo una cuestión de petróleo y gas.
—Si mañana se abre el estrecho de Ormuz, ¿qué cree que ocurrirá?
—Si se abre, los precios bajarán, eso es obvio. La pregunta es cuánto. Y además, incluso si el estrecho se abre mañana, las cosas no van a volver a la normalidad de inmediato. Hay alrededor de 800 barcos atrapados en el Golfo en este momento; unos 120 de ellos son petroleros, que primero tendrían que salir, y luego otros tendrían que entrar. La gente necesitaría sentir que hay estabilidad real. Por eso estimamos que probablemente llevaría unos seis meses volver al 80% de donde estaban las cosas antes.
—¿Qué países o regiones cree que están beneficiándose más de esta inestabilidad geopolítica?
—Creo que el hemisferio occidental está ganando mucho. Ya veíamos un creciente interés en la exploración, impulsado por la percepción de que la producción no convencional de Estados Unidos iba a estancarse en algún momento. Y la Argentina es, claramente, uno de los beneficiarios. La disrupción en el Golfo aumentará el impulso para encontrar y desarrollar recursos en otros lugares. Si el marco institucional lo permite, la Argentina podría ser un beneficiario significativo.
—¿Cuánto acelera esta crisis la búsqueda de suministros alternativos y nuevas rutas de abastecimiento?
—Si los precios se mantienen altos, veremos más actividad en Estados Unidos en términos de desarrollo de recursos. Pero también en Brasil, Surinam, Guyana y, por supuesto, Argentina. América Latina en su conjunto es un área de gran interés. Y hay grandes interrogantes sobre Venezuela.
—Usted mencionó que esta guerra cambiará el mundo. ¿Por qué?
—Creo que habrá un énfasis mucho mayor en la seguridad energética y en la diversificación de los recursos. Esas son las dos grandes consecuencias que veo salir de esta crisis. No sabemos cuál será el equilibrio de poder en el Golfo una vez que todo esto termine, pero es claramente inaceptable, tanto para los países árabes como para la comunidad internacional, que Irán reclame soberanía sobre el estrecho de Ormuz y convierta una vía navegable internacional en un canal del que obtiene ingresos. Todavía estamos en medio de una agitación histórica.
—¿Qué necesita Argentina para convertirse en un actor relevante en el sector energético?
—Es fundamental que exista previsibilidad, que se convierta en una política de Estado. La confianza es clave, y las empresas necesitan saber que podrán repatriar sus ganancias. Si Vaca Muerta alcanza su potencial técnico, será enormemente beneficioso para la economía argentina. Pero necesita estabilidad fiscal, regulatoria, cadenas de suministro y un ecosistema que lo respalde. Creo que a futuro se pagará una prima por no tener que pasar por puntos de estrangulamiento. La ubicación de la Argentina en el Atlántico, sin necesidad de atravesar ningún estrecho, tiene valor y ofrece diversificación respecto de Estados Unidos, donde el crecimiento es sustancial. Diría que la combinación de políticas, recursos y lo que sucede en el mundo eleva y fortalece la posición competitiva de Argentina.
—¿Cree que esta vez las cosas son diferentes para Argentina?
—Los inversores esperan que sea diferente. Aquellos que toman decisiones financieras confían en que esta será la ocasión para materializar el potencial del país. Siempre existe la preocupación por la volatilidad argentina, como usted bien sabe. Argentina ha tenido un gran potencial a lo largo de su historia, pero muchas veces no pudo concretarlo. Esa es una realidad palpable.
—¿Preferirían los inversores internacionales a Guyana o Brasil antes que a Argentina?
—Hay muchas empresas internacionales que desean confiar en Argentina y están realizando inversiones basadas en esa expectativa. Además, Vaca Muerta ha sido reconocida como una de las principales cuencas de recursos a nivel mundial. Ya no hay dudas sobre su potencial. Al observar los datos actuales, es evidente que se trata de un área con recursos de primer nivel.
—¿Cree que sin el Permian, la cuenca no convencional de Estados Unidos, Trump habría actuado contra Irán de la manera en que lo hizo?
—Sí, creo que tiene razón. La situación actual, donde Estados Unidos es el mayor productor de petróleo y gas natural, tiene enormes implicaciones geopolíticas. Lo vimos primero con Ucrania: Putin pensó que podía interrumpir el suministro de gas a Europa y fracturar la coalición a favor de Kiev. Falló, en gran medida gracias al GNL de Estados Unidos y la revolución del sector no convencional. El impacto de la disrupción actual varía según la región. Asia ha sido muy afectada por su dependencia del petróleo y gas del estrecho de Ormuz, mientras que Europa ya comienza a sentirlo, particularmente en el carburante para aeronaves. Estados Unidos, por otro lado, se encuentra en una posición más aislada: aunque enfrenta aumentos en los precios, no hay escasez de suministro. Sin la confianza derivada de su posición dominante en el sector energético global, la estrategia adoptada habría diferido significativamente.
—¿Cómo cree que Asia, en particular China e India, se reinventarán tras esta crisis?
—India está enfrentando esto de manera muy difícil, dado que depende enormemente del GLP, como propano y butano, tanto para cocinar como para procesos industriales. El primer ministro Modi ha llamado a la frugalidad. En varios países asiáticos observamos un movimiento similar hacia la búsqueda de alternativas.








