“¿Qué probabilidades hay que 18 amigas coincidamos en un viaje? Planearlo durante un año, desde distintos rincones del mundo, fue todo un desafío, pero al final lo logramos. No solo cumplimos 40 años, sino también 35 años de amistad”, expresó la influencer Ángeles “Yiyi” Martínez Pita en su cuenta de Instagram, acompañando su relato con un video que conmocionó a muchos.
Detrás de las imágenes compartidas, se encontraba una historia que se remonta mucho antes del viaje. La mayoría de las amigas se conocieron en un colegio de Mar del Plata, en salas de tres, cuatro y cinco años. Algunas han sido amigas desde 1990, mientras que otras se unieron más tarde, al ingresar a la escuela primaria.
No solo el tiempo es notable, sino también la permanencia del vínculo. A diferencia de muchos grupos que se desvanecen con el tiempo, ellas se han acompañado en cada etapa de la vida. “Al principio pensaba que era normal que las amistades escolares duraran toda la vida. Luego comprendí que no siempre es así”, comentó Yiyi. “Mientras muchos firman lazos más sólidos en la universidad o en el trabajo, mi núcleo afectivo ha sido siempre el de mi infancia”.
Hoy, estas amigas se encuentran dispersas en diversas partes del mundo. Algunas siguen viviendo en Mar del Plata (como Constanza Pernice, Rosario Antonelli y Milagros Memoli); otras se han trasladado a la Capital Federal (entre ellas Martina Lorenzo y Celina), Miramar (Yiyi), Bariloche (Magdalena Sanguinetti) y hay quienes residen en Madrid, Sídney y San Francisco.
A pesar de la distancia, han mantenido el contacto. Un grupo de WhatsApp funciona como su punto de encuentro constante, donde comparten novedades, organizan reuniones y celebran logros importantes. “Estamos siempre conectadas. Cuando alguna viaja a la ciudad de otra, intentamos encontrarnos. No es que solo nos vemos una vez al año, aunque pasen años sin vernos todas juntas, la relación sigue viva”, aclaró Yiyi.
La idea de este viaje no se gestó de la noche a la mañana, ya que demandó alrededor de un año y medio de planificación. “Coordinar a 18 mujeres de 40 años implica una complejidad enorme. Muchas son madres con niños pequeños y tienen múltiples responsabilidades familiares y laborales”, explicó Yiyi.
Buscar una fecha en común fue otro reto. “Al principio resultó complicado. Una tenía el cumpleaños de su hijo, otra un compromiso laboral, y otra no podía hacer el viaje en ciertas fechas”, relató. Tras múltiples diálogos y encuestas, lograron acordar que el viaje se realizaría del 9 al 16 de agosto. Sin embargo, esto era solo una parte de los desafíos: también debían considerar las cuestiones económicas.
“Decidimos que nadie se quedaría afuera por problemas económicos. Entre todas recaudamos fondos para que una amiga que no podía cubrir los gastos pudiera viajar. Resultó ser una sorpresa para ella, y se convirtió en uno de los gestos más simbólicos de la experiencia”, relató Yiyi con emoción.
Al elegir el destino, hubo numerosas opciones, pero optaron por Río de Janeiro por sus múltiples ventajas. “Por un lado, ofrecía playa y un ambiente vacacional; por otro, era relativamente accesible desde los diferentes lugares donde vivimos. Queríamos salir de Buenos Aires, disfrutar del mar y hacer un buen viaje sin que fuese demasiado lejos ni costoso”, argumentó.
Sin embargo, el clima no resultó ser el mejor. Contra todas las expectativas, se encontraron con días frescos, lluvias y temperaturas cercanas a los 20 grados. “Verdaderamente, nos tocó un clima poco favorable. La parte de la playa fue limitada”, admitió Yiyi. No obstante, esto no empañó el objetivo central del viaje: estar juntas.
Un momento que encapsuló la esencia del viaje ocurrió antes de despegar. Mariana Ballestrin, quien vive en Sídney, había dado a entender que no podría asistir. Cuando el grupo se disponía a embarcar, apareció inesperadamente en Aeroparque. “La emoción fue instantánea. No solo porque había viajado desde el otro lado del mundo, sino porque estaba embarazada de un bebé muy esperado”, recordó Yiyi.
“Fue una enorme sorpresa. Había sido un embarazo complicado y verla llegar así, con su pancita de cuatro meses, fue increíblemente emotivo para todas”, continuó, describiendo una escena llena de abrazos y lágrimas.
Ya en Río, las amigas comenzaron a disfrutar de una rutina distinta a la habitual. La mayoría estaba más interesada en conversar y compartir tiempo juntas que en salir de fiesta. “Formamos un grupo muy tranquilo. Algunas continuaban amamantando y se sacaban leche durante el viaje. El objetivo era compartir, charlar y disfrutar de la amistad”, comentó Yiyi.
Las actividades variaron entre caminatas, excursiones, visitas al casco histórico y momentos en la playa cuando el clima lo permitía. “Como suele suceder en grupos numerosos, también se formaron pequeños subgrupos. Mientras unas madrugaban para caminar, otras preferían dormir hasta tarde”, explicó.
Sin embargo, procuraban tener al menos una actividad diaria en común. “Siempre había un momento del día para juntarnos y cenar”, dijo. Una de las organizadoras, Clara Varela, sugirió una idea sencilla pero efectiva para dar identidad al viaje: eligieron gorras de diferentes colores como símbolo de pertenencia. “La votación para los colores generó confusiones y risas, pero al final, cada una recibió la gorra elegida”, manifestó Yiyi.
Además, se realizó un meticuloso trabajo para organizar la distribución de las habitaciones. “Dormíamos de a tres y la conformación de los cuartos fue clave para la convivencia. Clara armó los grupos y funcionó increíblemente bien”, destacó.
Sin embargo, aunque el grupo logró congregar a 18 amigas, algunas no pudieron asistir. La más notable fue Astrid, amiga cercana de Yiyi, quien vive en Irlanda y estaba a punto de dar a luz. “Era imposible que viajara en esas condiciones”, comentó Yiyi. Pese a ello, su ausencia se sintió a lo largo del viaje.
Curiosamente, otra miembro logró participar a pesar de haber sido madre recientemente, dejando a su bebé de pocos meses para sumarse al encuentro. “Cada una de sus historias implicó sacrificios personales y familiares”, señala Yiyi. Por eso, el hecho de que todas las integrantes estuvieran presentes fue celebrado como una especie de “hazaña”.
Para muchas, viajar implicaba alejarse de sus hijos por primera vez. Yiyi, madre de cuatro, manifestó que tuvo dudas para unirse al viaje, dada la complicada logística familiar. “El hecho de ausentarme varios días no me resultaba fácil”, reconoció. Sin embargo, su esposo se convirtió en un apoyo fundamental. “Me animó: ‘Te vas porque si no lo haces, te arrepentirás. Ve y yo me encargaré de los chicos’”, recordó. A medida que más amigas confirmaban su asistencia, Yiyi comprendió que no podía perderse la experiencia. “Cuando vi que ya éramos doce y trece, pensé que no podía quedar afuera”, confesó.
Sus hijos también terminaron por entender la relevancia del viaje. Aunque al principio questionaron por qué no podían acompañarla, finalmente llegaron a aceptar que era un momento especial para su madre.
No obstante, una triste noticia alteró los últimos días del viaje. Durante su estancia en Río, Yiyi recibió la noticia del fallecimiento de Nicolino, su perro labrador. El impacto emocional fue considerable. “Los últimos días fueron muy difíciles. Solo quería volver a casa”, expresó.
Las amigas la apoyaron y ajustaron algunos planes para contenerla. La última noche, en lugar de una salida festiva, optaron por un encuentro más tranquilo. “Lloré mucho y mis amigas estuvieron ahí para acompañarme”, afirmó.
A pesar del dolor, ese apoyo reafirmó el valor de la amistad forjada a lo largo de décadas. Al regresar a sus hogares, las 18 mujeres coincidieron en que el esfuerzo valió la pena. Lo que parecía un sueño se había hecho realidad.
Amigas provenientes de Argentina, España, Australia y Estados Unidos lograron reunirse no solo para celebrar un cumpleaños, sino también una historia compartida, llena de recuerdos de infancia, adolescencia y momentos compartidos a lo largo de los años.
Por ello, mientras recorrían las calles de Río de Janeiro, muchas sintieron que el tiempo no había pasado. “Somos unas bendecidas de tenernos”, escribió Yiyi en su publicación.
Más allá del viaje, las playas y las fotos, lo que realmente celebraron fue la capacidad de mantener una amistad durante 35 años sin perder su esencia.








