El Niño corresponde a la fase cálida del fenómeno climático conocido como El Niño-Oscilación del Sur (ENOS), que se produce cuando la temperatura de las aguas superficiales del océano Pacífico central y oriental permanece por encima de los niveles normales durante un período prolongado. Este proceso altera la circulación atmosférica y modifica los patrones de lluvias y temperaturas en distintas regiones del planeta.
En Argentina, el sudeste de Sudamérica figura entre las zonas más expuestas a sus efectos. Los pronósticos prevén condiciones más húmedas de lo habitual y una mayor probabilidad de lluvias intensas e inundaciones en el centro y el este del territorio, especialmente durante el verano.
Para la actividad agropecuaria, el fenómeno podría representar una recuperación luego de varias campañas afectadas por el déficit hídrico. Las precipitaciones favorecerían la recarga de humedad en los suelos y mejorarían las perspectivas para cultivos clave como la soja, el maíz y el trigo, con incidencia directa en las exportaciones.
Una campaña agrícola favorable permitiría incrementar el ingreso de divisas, fortalecer la recaudación vinculada al comercio exterior y aportar mayor disponibilidad de dólares al mercado cambiario. En un contexto donde la liquidación de exportaciones agropecuarias resulta determinante para la acumulación de reservas, las condiciones climáticas adquieren un papel central.
No obstante, un evento de gran intensidad también podría generar consecuencias negativas. Un exceso de lluvias puede provocar anegamientos, favorecer la aparición de enfermedades en los cultivos, retrasar las tareas de cosecha y dificultar el traslado de la producción hacia los puertos. En ese escenario, el estado de los caminos rurales será un factor decisivo, ya que las precipitaciones persistentes podrían afectar la circulación y elevar los costos logísticos.
Por ese motivo, el impacto económico no dependerá únicamente del volumen de agua acumulado, sino también de cómo se distribuyan las precipitaciones en el tiempo y el territorio. Mientras una provisión equilibrada favorece la producción, una concentración excesiva en pocos días puede ocasionar pérdidas significativas.
La experiencia reciente refleja la incidencia del clima sobre la economía. La sequía correspondiente a la campaña 2022/23 provocó pérdidas estimadas en alrededor de 20.000 millones de dólares y redujo varios puntos del Producto Bruto Interno como consecuencia de la caída de la producción agropecuaria y del ingreso de divisas.
En ese contexto, un episodio favorable de El Niño podría contribuir a la recuperación del sector, impulsando las exportaciones, fortaleciendo el superávit comercial y generando efectos positivos sobre las reservas del Banco Central, la recaudación y la actividad de las economías regionales.
El efecto también alcanzaría a actividades vinculadas al agro, entre ellas el transporte, la logística, la maquinaria agrícola, los insumos y el comercio, que suelen registrar un mayor movimiento durante campañas de buena producción.
Sin embargo, esos beneficios podrían verse limitados si las inundaciones afectan zonas productivas o interrumpen las vías de transporte. En ese sentido, el estado de la infraestructura vial, ferroviaria y portuaria será determinante para que una buena cosecha pueda traducirse en un mayor volumen de exportaciones.
Más allá del sector agropecuario, uno de los principales focos de atención se encuentra en las cuencas de los ríos Paraná, Uruguay y Paraguay. Los antecedentes indican que los eventos intensos de El Niño suelen incrementar sus caudales y elevar el riesgo de inundaciones en el Litoral y la Mesopotamia.
Entre las provincias con mayor vulnerabilidad aparecen Entre Ríos, Corrientes, Santa Fe, Chaco y Formosa, además de las localidades costeras y las zonas bajas del Delta.
Las consecuencias económicas también podrían extenderse a viviendas, rutas, puentes, redes eléctricas y sistemas de agua y saneamiento. Asimismo, podrían producirse interrupciones en la actividad comercial, pérdidas de mercadería, evacuaciones y un aumento del gasto público destinado a atender emergencias.
Si bien Argentina cuenta actualmente con mejores herramientas de monitoreo y pronóstico que en eventos anteriores, todavía persisten desafíos en materia de infraestructura y prevención. La eficacia de las alertas dependerá de la capacidad de respuesta de las autoridades nacionales, provinciales y municipales.
Los efectos del fenómeno no serán homogéneos en todo el país. Mientras el centro y el este podrían registrar lluvias superiores a las habituales, otras regiones enfrentarían condiciones más secas o temperaturas más elevadas.
En el noroeste y en sectores cordilleranos podrían presentarse escenarios de menor disponibilidad de agua o un mayor riesgo de sequía. A su vez, la combinación de El Niño con temperaturas oceánicas y atmosféricas elevadas podría favorecer la ocurrencia de olas de calor y tormentas severas.
La Organización Meteorológica Mundial indicó que estas proyecciones representan probabilidades y no certezas para cada localidad. Además, señaló que la intensidad general del fenómeno no determina por sí sola la cantidad de lluvias que recibirá cada provincia, ya que intervienen otros factores climáticos de escala regional.








