De acuerdo con un informe del sector financiero, el principal desafío dejó de estar en la producción para centrarse en la necesidad de ampliar la infraestructura mediante nuevos oleoductos, gasoductos, terminales portuarias y proyectos vinculados a la exportación de energía, con el objetivo de evitar cuellos de botella.
La necesidad de estas obras cobra mayor relevancia luego de que Argentina registrara en 2025 el mayor nivel de producción petrolera de su historia, con 46,4 millones de metros cúbicos, equivalentes a un promedio de 860.000 barriles diarios, lo que representó un incremento interanual del 13,1%. Durante el primer semestre de 2026, la producción nacional volvió a crecer, con una suba interanual del 17,2%.
Desde una empresa que presta servicios a la industria petrolera señalaron que la estimación de entre USD 15.000 millones y USD 20.000 millones resulta razonable, aunque aclararon que contempla principalmente la infraestructura crítica de transporte y procesamiento hasta 2030, como oleoductos, gasoductos, plantas compresoras, instalaciones de procesamiento y terminales portuarias, sin abarcar la totalidad de las inversiones necesarias para el desarrollo de Vaca Muerta.
Indicaron además que, si se suman las inversiones destinadas a perforación y completación de pozos, plantas de procesamiento, suministro eléctrico, obras viales, proyectos de gas natural licuado (GNL) y otras obras complementarias, el monto requerido aumenta de manera considerable.
En ese sentido, recordaron que una proyección presentada por YPF estima inversiones acumuladas cercanas a los USD 130.000 millones entre 2025 y 2031, aunque remarcaron que se trata de una proyección de la industria y no de fondos ya comprometidos.
Actualmente, el petróleo no convencional representa alrededor del 70% de la producción total de crudo del país. Sin embargo, el incremento de la producción comenzó a generar una mayor presión sobre la infraestructura existente.
Desde el sector sostienen que el principal desafío pasó del subsuelo a la superficie. Con recursos comprobados y una productividad en crecimiento, el foco está puesto en ampliar la capacidad para transportar, procesar y exportar la producción, garantizando la continuidad de la actividad.
También remarcaron que estas obras serán determinantes no solo para incrementar la producción, sino también para convertir los hidrocarburos en mayores exportaciones y generación de divisas.
El sector energético cerró 2025 con un superávit comercial de USD 7.900 millones y las proyecciones indican que podría alcanzar los USD 13.600 millones durante 2026. En la actualidad, el complejo de petróleo y gas representa el 12,5% de las exportaciones argentinas.
Parte de las inversiones comenzó a canalizarse mediante el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI). Al 1° de agosto, se contabilizaban 20 proyectos aprobados, 23 en trámite y uno rechazado.
Los proyectos aprobados contemplan inversiones por USD 46.162 millones, de los cuales USD 28.321 millones corresponden a la inversión mínima en activos computables y USD 11.436 millones deberán ejecutarse durante los dos primeros años.
A su vez, las iniciativas que continúan en evaluación representan otros USD 81.355 millones, lo que eleva el total de inversiones aprobadas y en análisis a USD 127.517 millones.
Del total, el 63% de las inversiones corresponde a minería, el 33% a petróleo y gas, el 2% a energía, mientras que siderurgia y productividad concentran un 1% cada una.
Entre los proyectos aprobados figura una terminal multipropósito en Timbúes, Santa Fe, destinada a actividades logísticas y de transporte fluvial y portuario, con una inversión prevista de USD 277 millones.
También fueron aprobados proyectos de infraestructura energética vinculados al sector de petróleo y gas, entre ellos una planta de licuefacción de gas natural, el Vaca Muerta Oleoducto Sur (VMOS), el Gasoducto San Matías y la ampliación del tramo I del Gasoducto Perito Moreno.
El VMOS busca ampliar la capacidad de transporte y almacenamiento del petróleo producido en Vaca Muerta mediante un oleoducto hasta Punta Colorada, plantas compresoras, una terminal portuaria y una playa de almacenamiento. Según los datos disponibles, la obra presenta un avance cercano al 70% y se prevé que entre en operación hacia fines de 2026.
Por su parte, el Gasoducto San Matías unirá Tratayén, en Neuquén, con la costa de Río Negro y tendrá capacidad para transportar 27 millones de metros cúbicos diarios destinados a proyectos de GNL. Su puesta en funcionamiento está prevista para mayo de 2028.
Desde una consultora especializada señalaron que los plazos de ejecución dependerán de las características de cada iniciativa, aunque destacaron que los incentivos del RIGI podrían acelerar el ritmo de las inversiones, ya que el régimen exige que una parte importante de los desembolsos se concrete durante los primeros dos años y establece sanciones en caso de incumplimiento.
No obstante, advirtieron que aún persisten dudas respecto del financiamiento para aquellas obras que no estén orientadas exclusivamente a la exportación, especialmente algunos gasoductos destinados al mercado interno y las líneas de alta tensión, cuya ejecución continúa sin una definición.








