Rolón explicó que el problema surge cuando se deposita la felicidad exclusivamente en lo que ya fue o en lo que aún no llegó. “A veces uno desea más haber sido feliz que ser feliz. Desea más ser feliz más adelante, alcanzar la felicidad, que ser feliz ahora donde está”, manifestó.
Durante la conversación, el profesional también abordó el proceso de “edición” emocional que sufren los recuerdos a lo largo del tiempo. Afirmó que las personas tienden a reconstruir ciertos momentos de su vida con una visión más favorable o idealizada.
“El recuerdo es un lugar muy particular y enigmático, porque es el lugar donde guardamos las cosas que hemos perdido para que no se las lleve la muerte para siempre”, reflexionó Rolón.
En este contexto, estableció una analogía entre la memoria y un “photoshop” emocional: “Terminamos transformando a nuestros padres que ya no están en personas por ahí más nobles incluso de lo que fueron, más generosas, más fuertes, más sensibles”.
El psicólogo también destacó que la infancia tiende a convertirse, con el paso del tiempo, en un ámbito embellecido por la nostalgia. “Nuestra infancia también se puede transformar en lugares más bellos”, explicó.
Rolón subrayó que, aunque reconocer momentos felices en el pasado es relevante, no significa que debamos vivir anclados en ellos. En este sentido, alertó sobre el riesgo de “trabajar tanto para resignificar y construir una felicidad posible en el pasado” en lugar de enfocarse en edificar el bienestar en el presente.
“A lo mejor muchos momentos pasados fueron felices. Pero justamente fueron. Y lo que fue ya está perdido”, indicó. No obstante, aclaró que esto no implica desestimar el valor de los recuerdos ni de las experiencias vividas. “Claro que importa, si en definitiva es lo que soy”, expresó.
En ese punto, citó una frase relacionada con el pensamiento de Jean-Paul Sartre: “Somos lo que hacemos con lo que hicieron de nosotros”. Rolón subrayó que las experiencias pasadas moldean la identidad de cada individuo, pero insistió en que la capacidad de ser feliz se encuentra en el presente.
“El que hoy puede ser feliz es el que se emocionó a los cinco con la primera guitarra, a los 12 cuando se fue con su papá a vivir dos años al campo, a los 18 cuando empezó su primera carrera universitaria”, enumeró. Concluyó: “Todo eso importa, porque construyó quién sos. Pero cuánto de eso cambiaría hoy por una felicidad presente. Y creo que casi todo”.
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