Los especialistas ofrecen respuestas matizadas. La medicina ha logrado, en cierta medida, desacoplar la edad de la mujer de la de sus óvulos, aunque no puede detener el envejecimiento biológico del ovario.
“El cuerpo no acompaña la maternidad. Es la mujer la que decide ser madre más tarde”, afirma un experto en medicina reproductiva, refiriéndose al reciente caso de Mabel Frías, quien a los 62 años se convirtió en la madre primeriza de mayor edad en Argentina.
El proceso de envejecimiento de los ovarios se mantiene prácticamente igual que hace un siglo: con el paso del tiempo, disminuye el número de óvulos y, lo más crítico, la proporción de óvulos genéticamente sanos.
Después de los 35 años, esta proporción comienza a caer de manera notable; a los 40, se reduce aún más y después de los 45 años, la posibilidad de encontrar un óvulo genéticamente normal es extremadamente baja.
La medicina tiene la capacidad de recuperar óvulos, generar embriones y realizar estudios genéticos para seleccionar aquellos que son viables. “Lo que se puede hacer es seleccionar y transferir embriones genéticamente normales, pero la cantidad de óvulos normales no aumenta”, puntualiza.
La situación con el útero es diferente. “El útero no envejece igual que el ovario”, explica otro especialista. Este órgano puede mantener su capacidad para gestar un embarazo mucho después de que los ovarios han perdido gran parte de su función reproductiva. Por ello, la criopreservación y, en particular, la ovodonación permiten extender los límites biológicos.
Sin embargo, esto no implica que un embarazo en las etapas avanzadas de la vida sea comparable al de una mujer joven. Con el tiempo, se incrementan las patologías uterinas y los riesgos asociados, como la hipertensión, la diabetes y las complicaciones obstétricas.
“Debemos preguntarnos si se puede lograr un embarazo, pero también si es razonable hacerlo y qué riesgos conlleva”, menciona el especialista. Considera que la evaluación debe ser exhaustiva y no limitarse a la factibilidad técnica de un embarazo.
Coincide con él en que la salud general de la mujer se convierte en un factor cada vez más importante. Las mujeres de 60 años presentan un riesgo significativamente mayor de desarrollar hipertensión en comparación con las más jóvenes, y esta condición, en combinación con un embarazo, puede aumentar la probabilidad de sufrir preeclampsia y otras complicaciones.
Entonces, surge la pregunta: ¿hasta qué edad es posible realizar un tratamiento? No hay una respuesta clara. En los tratamientos con óvulos propios, se considera que a partir de los 45 años las probabilidades de tener un recién nacido descienden drásticamente. A partir de los 46 años, se estima en menos del 1%, y pueden ser necesarios múltiples óvulos para obtener un embrión viable. En estos casos, sostiene que no vale la pena seguir intentando con óvulos propios, aunque sí se puede evaluar la ovodonación.
Con óvulos donados, el límite también varía, aunque no se elimina. Según las pautas de sociedades internacionales y locales, se establece en 50 años la edad a partir de la cual se deja de realizar tratamientos. Este también es el límite en su clínica.
Por otro lado, uno de los especialistas evita establecer un límite rígido basado únicamente en la edad cronológica. “La edad cronológica es relevante, pero es igualmente importante considerar la edad biológica”, señala, advirtiendo que por encima de los 50 años la evaluación debe ser exhaustiva.
Además, añade otro factor: el futuro del niño. La edad de la pareja y la red de apoyo familiar deben ser consideradas antes de sugerir un tratamiento.
“No podemos enfocarnos solo en el embarazo. También es fundamental evaluar el bienestar futuro del hijo. No es equivalente una mujer de edad avanzada con una pareja de la misma edad que una con una pareja significativamente más joven, ni una persona casi sola en comparación con alguien con una red de apoyo sólida”, aclara.
Todo este contexto tiene relevancia. “Hace 10 años, era noticia una madre soltera que tuvo mellizos a los 47 años en nuestra clínica. En ese entonces, era considerado una edad avanzada; hoy en día, lo habitual es que las mujeres sean madres después de los 40, y ya no resulta extraño que tengan más de 50”, compara.
Actualmente, muchos centros de fertilidad establecen el límite en 51 años, aunque hay muchas excepciones que se consideran individualmente. La edad es un dato relevante, pero no el único.
Otros factores como la salud, la expectativa de vida funcional, quiénes acompañarán al niño, así como el contexto familiar y social, también desempeñan un papel fundamental en la capacidad de los padres para estar presentes en su crianza.
“Si un hombre de 62 años expresa el mismo deseo, probablemente no genere el mismo impacto. Si ponemos en el centro el bienestar del futuro hijo, ¿no deberíamos aplicar criterios similares para ambos géneros? En la reproducción asistida enfrentamos deseos perfectamente legítimos todos los días”, concluye el especialista.
La medicina puede ampliar ciertos límites biológicos, pero no eliminarlos por completo. Así, la cuestión ya no es solo hasta qué edad puede ser madre una mujer, sino hasta dónde está dispuesta a llegar la medicina para apoyar ese deseo y en qué momento lo viable desde una perspectiva técnica deja de ser razonable.








