El ajuste de las expectativas coincide con estimaciones difundidas en el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) y en un informe reciente del Fondo Monetario Internacional (FMI), que redujo su previsión de crecimiento para la región al 2,1%, frente al 3,5% proyectado anteriormente.
En su análisis, FIEL advirtió que los datos del tercer trimestre podrían confirmar un desempeño económico muy débil, con una alta probabilidad de que el PBI haya registrado nuevamente una variación desestacionalizada negativa. De concretarse, esa evolución implicaría técnicamente el ingreso en una recesión.
La fundación proyectó que el crecimiento interanual del segundo semestre no superaría el 0,6%, frente al 2,3% registrado durante la primera mitad del año. Ese desempeño llevaría la expansión anual por debajo del 1,5%, lejos de las previsiones iniciales, que ubicaban el crecimiento entre el 3% y el 5%.
Según el informe, la desaceleración responde a un nuevo debilitamiento de los sectores productores de bienes, aunque el principal freno proviene de los servicios, que mostrarían un crecimiento nulo durante el segundo semestre.
Sin embargo, FIEL aclaró que esta dinámica no necesariamente anticipa una recesión prolongada, siempre que se mantengan las condiciones favorables para las actividades que actualmente impulsan el crecimiento.
Entre los sectores que sostienen la actividad, la entidad destacó la minería y la agricultura. También señaló una reducción de la contracción real de los depósitos y préstamos en pesos, junto con señales de recuperación en la industria, favorecida por el desempeño de las exportaciones, y en la construcción, donde algunos incrementos de la obra pública comenzarían a reflejarse en la actividad.
Para 2027, FIEL prevé un crecimiento cercano al 2%, aunque advirtió que se trataría de un avance limitado y condicionado por varios factores. Entre ellos, mencionó el riesgo de pérdidas en las cosechas por cuestiones climáticas, la volatilidad de los precios internacionales y la posibilidad de que el crecimiento global no evolucione según lo previsto.
El escenario también supone que no se producirán episodios de tensión financiera similares a corridas anteriores sobre los depósitos y que las expectativas políticas convergerán en torno a la continuidad de un esquema de equilibrio fiscal y apertura económica después del cambio de gobierno previsto para fines de 2027.
La fundación advirtió que cualquier desvío respecto de esos supuestos podría generar resultados significativamente diferentes.
En su conclusión, FIEL sostuvo que es poco probable que la economía crezca más del 1,5% en 2026. Según su análisis, la prioridad otorgada a la estabilización limita la posibilidad de impulsar la actividad mediante un aumento del gasto fiscal o una mayor emisión monetaria destinada a comprar reservas. En ese esquema, el ancla cambiaria continúa ocupando un lugar central para contener las expectativas de inflación.








