Juan Artigas y Jorge Bianco prepararon para los macacos un amplio recinto con árboles, sogas, distintos niveles y puertas que se abren y se cierran, además de cuatro espacios más pequeños y con alturas variadas. El objetivo es que los animales, originarios del sudeste asiático, puedan adaptarse y recuperar gradualmente conductas propias de su especie. Treinta años de encierro en pequeñas jaulas, sin conocer la luz del sol y sometidos a prensado, un método arcaico que ya no se emplea donde existe un mínimo cuidado del bienestar animal en cautiverio, no se superan en poco tiempo. Se busca que puedan recuperarse de manera paulatina de los traumas causados por el encierro y los experimentos.
Para entender el caso hay que volver a 2021, cuando una denuncia de la Fundación Zorba por la protección de los animales puso en marcha el proceso. Ese año cerró el bioterio y la organización difundió la noticia. Desde entonces se trabajó para alcanzar este desenlace, entre idas y vueltas de una complejidad kafkiana. Los seis ejemplares de Macaca fascicularis, procedentes del sudeste asiático y pertenecientes al antiguo Laboratorio de Experimentación del Instituto del Cemic, permanecieron dos años más en el subsuelo de la sede de Saavedra. Los monos cai, que también integraban el plantel del bioterio, ya habían salido rumbo a Sudáfrica.
El bioterio, donde los monos vivían en jaulas, sin poder mantenerse erguidos y bajo luz artificial, se había inaugurado en 1983 en colaboración con la Organización Mundial de la Salud. “Constituyó el lugar de trabajo de científicos y técnicos dedicados a develar los mecanismos que permiten que las especies de animales y los seres humanos, se perpetúen más allá de la muerte de sus individuos”, declaró el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas en un documento de septiembre de 2022, solicitado por el Cemic, que detallaba los posibles destinos de los animales tras el cierre del establecimiento.
Después de años de gestiones, esfuerzos y controversias, intervinieron el Gobierno nacional y la provincia de Buenos Aires para coordinar una salida digna para los animales. “Muchas veces el camino es injusto -dice Juan Artigas-, pero la verdad y la justicia siempre llegan. Los animales no tienen bandera política.”
A las ocho de la mañana, una camioneta partió del Cemic con seis cajas de madera en las que se veía a los monos adormecidos. Despertaron durante el trayecto a Luján. Allí, las cajas fueron ubicadas en los espacios preparados para ellos, sobre una superficie cubierta de fardos.
“Raquel fue la primera en ser bajada de la camioneta, la caja se dejó dentro del ambiente, ya que es ciega y no puede ver. Eso nos permitió lograr entrar a Linda (algo más joven) que enseguida salió de la caja y lo primero que buscó fue altura (la seguridad para ellos), para poder controlar y mirar”, explicó Coki Dahdah, especialista en comportamiento animal contratada por las fundaciones Campobianco y Zorba.
La especialista contó que “en el ambiente lindero se trasladó a Felipe, que también fue rápido. Subió las tarimas, expresó comportamientos de ansiedad como morderse las patas, golpear el suelo, morder elementos, pero aceptó manzanas y naranjas y recorrió el ambiente buscando subir”. Y añadió: “En otro ambiente se dejó la puerta abierta de la caja de Juancito. Seguimos esperando que salga. Maco sin embargo, medicado, con convulsiones, es muy sociable y pudo interactuar y agarrar comida”.
“Una vez que Linda estaba en un lugar tranquilo se abrió la caja de Carmencita”, relató, y agregó: “A Juancito le está costando salir, es el más miedoso”. “Con el tiempo se van a ir adaptando, y se van a ir dando cuenta de lo que quieren hacer. Es un proceso lento porque después de tanto tiempo de vivir en un ambiente tan estéril, es abrumador poder elegir entre todo lo que les faltó“, sostuvo Dahdah, mientras permanecía cerca de la caja en la que aún estaba Juancito, el más temeroso, a la espera de que venciera sus primeros miedos en su nueva vida.
La secretaria general de la Presidencia, Karina Milei; el secretario de Turismo, Ambiente y Deportes, Daniel Scioli; el subsecretario Juan Trebino, y la directora de Fauna, Marina de Souza, participaron en las gestiones para resolver los numerosos obstáculos que surgieron durante el proceso.
Linda, Raquel, Carmencita, Felipe, Juancito y Maco, después de años de experimentos en sus cuerpos, comenzaron así una vida que se acerca más a la que pueden tener como monos.







