El balance actual es desfavorable, con más cierres que aperturas de comercios. No obstante, el entorno presenta matices: el sector muestra lo que muchos describen como un “retail darwiniano”, donde las ubicaciones privilegiadas y los rubros que se adaptan a una economía más abierta tienen más posibilidades de sobrevivir. Este nuevo ecosistema comercial está reconfigurándose rápidamente, revelando tanto perdedores evidentes como algunos ganadores inesperados.
La Cámara Argentina de Comercio y Servicios (CAC) confirma esta tendencia en su último informe bimestral. En un monitoreo reciente, identificaron 238 locales vacíos, en alquiler o en venta en las principales arterias de la ciudad, lo que representa un aumento del 40% en comparación con el mismo período del año anterior. Entre las zonas más afectadas se encuentran la avenida Cabildo, que experimenta un incremento del 257,1% en locales vacíos, y la avenida Santa Fe, con un aumento del 75,8%.
Un indicio adicional del cambio en el panorama comercial es la situación en la calle Avellaneda, en el barrio de Floresta. Este sector, que anteriormente se había convertido en un importante núcleo textil del país, está viendo la primera caída de negocios, después de años de alta demanda y precios elevados.
El crecimiento de anuncios de “Se alquila” no impacta de la misma manera en todas las áreas. Según la CAC, la calle Florida se destaca por ser una de las más afectadas, con una tasa de vacantes que supera el 14%, lo que significa que uno de cada siete locales está desocupado. Sin embargo, otros corredores comerciales más dinámicos, como algunos polos gastronómicos o de estilo de vida, mantienen mayores niveles de ocupación, con la rotación de locales reflejando cambios de marcas más que cierres permanentes.
“Hoy tenemos un consumidor más exigente y selectivo, que quiere comprar bien, lo que no necesariamente significa elegir siempre lo más barato. Los compradores desarrollaron una especie de ‘algoritmo propio’, en el que el precio sigue siendo clave, pero también esperan que las marcas les ofrezcan algo más. Si se trata de una prenda, además del diseño y la calidad de la confección, valoran la versatilidad, la posibilidad de combinarla o darle distintos usos. A este fenómeno se suma la mayor apertura de la economía y la llegada de productos importados.”








