La autoridad monetaria británica señaló que “los precios globales de la energía han experimentado una baja desde la última reunión, en respuesta a los eventos en Medio Oriente. Sin embargo, siguen estando por encima de los niveles previos al conflicto y su volatilidad persiste”.
En este contexto, el BoE destacó la incertidumbre que rodea al impacto de la crisis energética en la economía del Reino Unido.
Esta decisión fue respaldada por siete de los nueve integrantes del Comité de Política Monetaria; los otros dos miembros manifestaron su deseo de incrementar la tasa de referencia en 0,25 puntos, una solicitud que contrasta con la reunión anterior, donde solo hubo una disidencia a favor de un ajuste.
El banco británico se distancia así del Banco Central Europeo (BCE), que recientemente decidió elevar sus tasas por primera vez en tres años, y del Banco de Japón (BoJ), que alcanzó su nivel más alto en 31 años.
Respecto a futuras tasas en Inglaterra, el BoE aclaró que su política monetaria “no puede controlar los precios de la energía”, pero busca asegurar que el ajuste económico derivado de las variaciones en esos precios en la economía británica se realice de “manera sostenible” para cumplir con un objetivo de inflación del 2% interanual.
“La política necesaria para lograr esto dependerá de la magnitud y duración de la crisis, así como de su propagación en la economía”, explicó el banco central. Aunque la inflación se mantuvo en 2,8% en mayo, similar a abril, se anticipa un aumento hacia finales de año debido a los efectos persistentes del incremento en los precios de la energía.
“El riesgo de que se generen importantes efectos de segunda ronda en la fijación de precios y salarios, que deben ser considerados por la política económica, tiende a crecer mientras se mantengan altos los precios de la energía”, argumentaron. No obstante, también se mencionaron señales de un debilitamiento en la economía que podrían moderar las presiones inflacionarias. Además, se resaltó que las tasas enfrentadas por los hogares y las empresas siguen siendo más elevadas que antes del conflicto, lo que podría contribuir a reducir la inflación con el tiempo.








