La inflación continúa siendo una referencia central para definir los aumentos, aunque dejó de ser el único elemento determinante. La situación particular de cada empresa, sus niveles de ventas, la rentabilidad, el costo laboral y los salarios vigentes en el mercado comenzaron a tener un mayor peso en las decisiones.
Según un relevamiento sobre tendencias de incrementos salariales en Argentina, las empresas proyectan otorgar un aumento nominal del 27% durante 2026. La cifra se encuentra por debajo de las estimaciones privadas de inflación para el mismo período, que alcanzan el 29,8%.
La diferencia entre la evolución prevista de los salarios y el aumento esperado del costo de vida obliga a las compañías a revisar de manera permanente sus presupuestos. En este escenario, las decisiones salariales requieren combinar la planificación de corto plazo con la capacidad de adaptarse a los cambios de la economía.
A esta situación se suma la referencia informal de aumentos mensuales utilizada en las negociaciones paritarias. Frente a ese límite, algunas empresas comenzaron a recurrir a sumas no remunerativas y compensaciones extraordinarias como una forma de recomponer los ingresos sin trasladar inmediatamente todo el incremento al salario básico.
La productividad también adquiere una mayor importancia, especialmente en los componentes variables de las remuneraciones. Los bonos y otros incentivos tienden a vincularse con resultados, eficiencia y cumplimiento de objetivos. En estos casos, uno de los criterios señalados es que los trabajadores puedan influir efectivamente sobre los indicadores utilizados y que no se les atribuyan riesgos empresariales que se encuentran fuera de su control.
De esta manera, la inflación continúa funcionando como punto de partida para las negociaciones, mientras que la productividad, la rentabilidad y la capacidad financiera de cada empresa determinan en mayor medida el margen para alcanzar los acuerdos salariales.
El reconocimiento por mérito también forma parte de las políticas de compensación, aunque tiene una incidencia menor. Las empresas prevén un incremento mediano del 4% anual destinado a aumentos por mérito sobre la masa salarial.
En materia de contratación, el panorama es más cauteloso. Si bien distintos relevamientos empresariales muestran expectativas positivas, los datos concretos todavía no reflejan una recuperación significativa del empleo. Para el tercer trimestre se registró una expectativa neta de empleo de +6%, mientras que la Encuesta de Indicadores Laborales informó una caída del 0,1% en el empleo privado registrado durante mayo y una disminución interanual del 1,1%.
El comportamiento tampoco es uniforme entre los sectores. Algunas industrias incorporan personal para responder a una mayor demanda, mientras que otras concentran sus búsquedas en posiciones consideradas estratégicas o vinculadas directamente con ventas, tecnología, productividad y eficiencia.
En lugar de ampliar de manera permanente sus estructuras, muchas empresas optan por absorber el crecimiento mediante los equipos existentes, con una reorganización de funciones o la incorporación de procesos automatizados. El escenario, de este modo, se caracteriza por una expansión selectiva más que por un aumento generalizado de las contrataciones.
Los indicadores laborales también reflejan esta situación. La tasa de desempleo fue del 7,8% durante el primer trimestre de 2026, sin modificaciones significativas frente al mismo período del año anterior. La tasa de actividad alcanzó el 48,6%, mientras que la tasa de empleo se ubicó en 44,8%.
Los datos muestran un mercado laboral que no atraviesa una destrucción masiva de puestos, pero que tampoco consigue consolidar un crecimiento sostenido del empleo formal.
Otro de los cambios se relaciona con la calidad de los puestos de trabajo. La subocupación aumentó y la informalidad alcanza al 44,2% de las personas ocupadas. El problema, por lo tanto, no se limita a la cantidad de empleos disponibles, sino también a las condiciones laborales, la informalidad, el trabajo autónomo precario y la situación de quienes necesitan trabajar más horas pese a contar con un empleo.
Del lado de las empresas, las búsquedas de personal atraviesan más instancias de aprobación, mientras que los reemplazos son evaluados antes de ser autorizados. A su vez, la rotación disminuyó y muchas personas postergan un cambio laboral debido a la incertidumbre, mientras las compañías priorizan conservar sus estructuras actuales antes que ampliarlas.
El mercado laboral presenta así comportamientos diferentes al mismo tiempo: existen empresas con dificultades para cubrir determinados perfiles y trabajadores que buscan empleo o necesitan aumentar sus horas de trabajo. En este contexto, uno de los principales desafíos pasa por conseguir una mayor correspondencia entre las habilidades disponibles y las capacidades que requiere actualmente el sistema productivo.








