La tendencia se da en una actividad que requiere un elevado volumen de recursos para sostener la producción. Según estimaciones de la Bolsa de Comercio de Rosario, los productores destinan alrededor de USD 30.000 millones por campaña a la agricultura de los seis principales cultivos. La ganadería, por su parte, también demanda financiamiento mediante créditos bancarios, comerciales y de proveedores.
Los destinos del crédito varían de acuerdo con cada actividad. En la agricultura, las principales necesidades estuvieron vinculadas con la protección y nutrición de los cultivos y la compra de semillas. En la ganadería, en tanto, el financiamiento se concentró en nutrición, mejora genética, invernada y retención de vientres.
En paralelo, el financiamiento digital registró un crecimiento interanual del 40% en cantidad de operaciones. El crédito integrado directamente a las compras de insumos o hacienda ganó participación como una herramienta para agilizar las operaciones entre productores y proveedores, especialmente en un escenario de márgenes ajustados.
El reporte también registró el regreso de las líneas de financiamiento en dólares destinadas a la actividad pecuaria y el desarrollo de un producto denominado Crédito Ganadero Garantizado, que permite acceder a fondos de libre disponibilidad con animales como respaldo.
A nivel regulatorio, el Gobierno anunció recientemente una flexibilización de las condiciones para otorgar créditos en dólares a las empresas. A partir de la nueva disposición, los bancos podrán prestar hasta el 15% de sus depósitos en moneda extranjera sin las limitaciones específicas que anteriormente alcanzaban a las empresas generadoras de dólares o con determinadas garantías.
Las restricciones anteriores habían sido establecidas después de la crisis de 2001 para evitar descalces de moneda dentro del sistema financiero. El objetivo era reducir el riesgo de que una devaluación provocara dificultades para cancelar préstamos denominados en dólares y, a la vez, afectara la capacidad de las entidades para devolver depósitos en esa moneda.
De acuerdo con el Banco Central, la modificación busca incrementar el financiamiento disponible para la inversión privada y favorecer la actividad económica, la productividad y el empleo, además de reducir la dependencia del financiamiento externo.
Otro de los datos destacados del período fue la evolución de las tasas de interés. Durante el último año, las tasas de mercado cayeron más del 30% tanto para operaciones en pesos como en dólares y permanecieron estables durante el primer semestre de 2026. En comparación con el máximo registrado en octubre, en un contexto marcado por las elecciones, la baja de las tasas en moneda local supera el 60%.
Más de la mitad de los créditos fueron otorgados a tasas inferiores a las referencias del mercado. En determinados casos, las líneas denominadas en dólares llegaron a ofrecer tasas de 0%, principalmente a partir de condiciones especiales aplicadas por proveedores como parte de sus estrategias comerciales.
En cuanto a los plazos, el 54% de los créditos se pactó a 12 meses, una modalidad que permite hacer coincidir los vencimientos con el período de cosecha. También aumentó en diciembre la utilización de préstamos a 270 días, en relación con el crecimiento del maíz tardío y la necesidad de extender los vencimientos cuando la cosecha se prolonga más allá de julio.
El financiamiento respaldado por la producción también mostró un avance. Durante los primeros seis meses del año se utilizaron más de 260.000 toneladas de granos como garantía, con la participación de 37 acopios, corredoras, exportadoras y cooperativas registradas en la plataforma.
El 69% de los contratos se pactó bajo la modalidad de precio a fijar. El maíz concentró el 43% de los cultivos utilizados como respaldo, seguido por la soja, con el 40%, y el trigo, con el 12%.
Desde el sector de financiamiento digital se destacó que el crédito aparece como uno de los principales espacios para ampliar el crecimiento de la actividad agropecuaria. En ese sentido, se señaló que la tecnología puede facilitar el acceso a financiamiento de manera más rápida y con condiciones adaptadas a las necesidades de los productores.
Ese proceso se apoya, según la misma fuente, en tres ejes: la incorporación del crédito en el momento de la compra, el uso de datos e inteligencia artificial para adaptar las propuestas de financiamiento y el desarrollo de nuevos productos financieros respaldados por activos reales del sector agropecuario.








