Nueva York también tenía una historia pendiente con él; allí había disputado su primera final de Grand Slam en 2020, en la que estuvo a un paso de la victoria, pero perdió frente a Dominic Thiem tras haber ganado dos sets. Posteriormente, enfrentó derrotas en las finales de Roland Garros 2024 contra Alcaraz y del Australian Open 2025 ante Sinner. Tres experiencias, tres decepciones. Sin embargo, este año, rompió esa racha en Roland Garros y, solo tres meses después, demostró que su éxito no fue un hecho aislado.
“Llevábamos 30 años sin ganar un título de Grand Slam y ahora hemos ganado dos en un plazo de tres meses. Creo que Dios ha visto lo duro que trabajamos, cuánto sufrimos y cuánto dolor atravesamos. Creo que 2026 es el resultado de todos los años anteriores”, manifestó Zverev a su equipo durante la ceremonia de premiación.
En su enfrentamiento con Shelton, Zverev se presentó como un jugador que había aprendido de sus experiencias pasadas. Inició el partido con un quiebre en el primer juego y mantuvo el control del partido, logrando otro quiebre en el noveno juego para adjudicarse el primer set por 6-3. El segundo set, mucho más equilibrado, mostró su mejor versión en el tie break, donde se impuso 7-2, acercándose a un nuevo título.
Shelton, sin embargo, no se dio por vencido. A las dos horas y 17 minutos de juego, logró su primer break point del partido, que Zverev supo salvar, pero el estadounidense continuó presionando hasta conseguir su primer quiebre en el duodécimo juego, llevándose el tercer set por 7-5 y extendiendo la contienda.
No obstante, la reacción de Shelton fue efímera. Zverev recuperó el control en el cuarto set, logrando dos quiebres de servicio. Regresó a la solidez que había mostrado en gran parte del partido y, con una ventaja que se amplió en el marcador, cerró el parcial 6-2.
El momento culminante llegó cuando Zverev, tan concentrado que tardó en darse cuenta de que había ganado, festejó su triunfo, luego de años de búsqueda. Durante la ceremonia de premiación, recibió el trofeo de manos de Jimmy Connors, legendario tenista estadounidense y campeón en Nueva York en cinco ocasiones.
La victoria completa una temporada excepcional para Zverev, que alcanzó las semifinales en los cuatro Grand Slam de 2026, salió campeón en Roland Garros, fue finalista en Wimbledon y logró en Nueva York su segundo título de Grand Slam. Este año, además, en un contexto competitivo irregular debido a las lesiones y altibajos de Sinner y Alcaraz, el alemán aprovechó la oportunidad con la jerarquía necesaria para posicionarse.
Esta victoria confirma que Zverev pertenece a una generación singular. Cuando irrumpió en el circuito con solo 20 años, parecía destinado a reemplazar a los grandes: ganó títulos importantes desde joven, alcanzó el puesto número dos del ranking, ganó dos torneos ATP Finals, siete Masters 1000 y el oro olímpico en Tokio. Superó a Federer, Nadal y Djokovic, pero cada vez que buscaba el codiciado trofeo de un Grand Slam, se topaba con obstáculos ineludibles.
El tenis de Zverev se inició mucho antes, en una familia profundamente vinculada con el deporte. Nació en Hamburgo en 1997; sus padres, Alexander e Irina, fueron tenistas profesionales en la Unión Soviética, y su hermano mayor, Mischa, también alcanzó el circuito. A los cinco años, Zverev comenzó a jugar, y su padre recuerda cómo lloraba después de los entrenamientos, queriendo seguir. Su ídolo era Federer, a quien consiguió el autógrafo cuando tenía cinco años y conserva un recuerdo fotográfico con él desde su infancia.
Sin embargo, el camino no estuvo exento de dificultades. Fue diagnosticado con diabetes tipo 1 a los cuatro años, y durante mucho tiempo mantuvo su condición alejada del foco mediático. Este domingo, antes de enfrentar a Shelton, se midió dos veces el nivel de azúcar y se aplicó insulina en un descanso. Nada se comparó con lo que vivió en Roland Garros 2022, cuando se lesionó gravemente el tobillo en la semifinal contra Nadal y abandonó en silla de ruedas. Después de siete meses fuera del circuito, se cuestionó si volvería a competir al más alto nivel.
Zverev regresó y, cuatro años después, logró finalmente su primer Grand Slam en París. Esta victoria en Nueva York redefine su trayectoria, dejándolo atrás como un gran jugador que había estado al borde de la gloria. Con dos títulos de Grand Slam en la misma temporada, comienza a forjar su legado en la historia del tenis.
A su vez, este triunfo tiene un gran impacto para el tenis alemán: Zverev es solo el tercer tenista masculino alemán en la Era Abierta en coronarse campeón de Grand Slam, después de Michael Stich y Boris Becker, quien tiene un total de seis títulos. Al obtener su segundo major, Zverev se coloca solo por detrás de Becker en el conteo nacional.
El triunfo también conlleva una recompensa económica sin precedentes, ya que Zverev se llevó a casa 5,5 millones de dólares, el premio más elevado otorgado jamás a un vencedor individual de un torneo de tenis.
Por otro lado, la derrota deja a Shelton con la carga de una espera que pesa sobre el tenis estadounidense. El último hombre de ese país en consagrarse en un Grand Slam sigue siendo Andy Roddick, campeón en Nueva York en 2003. Desde entonces, han pasado 23 años y ni siquiera jugar en casa ha logrado romper la sequía.
Este domingo, tras ganar, numerosos recuerdos se agolparon en la mente de Zverev. Al momento de dar su discurso en la ceremonia de premiación, el alemán mostró emoción y dedicó unas palabras a una persona especial en su vida: “Quiero agradecer a una persona que nunca mira mis partidos, pero es la más importante en mi carrera y en mi vida en general. Cuando a tu hijo de 4 años le diagnostican diabetes y los médicos te dicen que su vida y el deporte van a estar sumamente limitados, se necesita una madre muy fuerte para salir de ahí y decir: ‘Mi hijo será lo que él quiera ser’”.
Finalmente, cerró: “Estoy feliz de que hayamos salido adelante y de estar logrando todo esto ahora. Mi madre es la persona más importante y más fuerte que conozco, porque se necesita una mujer increíblemente fuerte para hacer lo que ella hizo”.
Zverev ha conocido la espera. Pasaron casi diez años en la élite hasta que empezaron a llegar las recompensas. Quizás por eso el US Open de este año tenga un sabor singular: seis años después de dejar el Arthur Ashe Stadium cuestionándose cómo se le había escapado el Grand Slam que parecía suyo, regresó a ese mismo lugar para recordar cuánto puede cambiar la carrera de un jugador cuando aprende a esperar su momento.








