La situación también afectó a la deuda argentina, alcanzando tasas no vistas desde 2007, lo que subraya el momento crucial que atraviesan los mercados. Según los analistas de bancos de inversión, las probabilidades de un nuevo incremento en las tasas para octubre ascienden a casi el 70%.
A pesar de algunos datos positivos sobre la economía estadounidense, esto se traduce en malas noticias para los activos de riesgo debido a la posibilidad de un incremento en el precio del petróleo y mayores presiones inflacionarias.
Los tres principales índices de Nueva York cerraron en baja, revirtiendo un rebote anterior: el Nasdaq cayó un 1,2%, el S&P 500 un 0,7% y el Dow Jones un 0,6%.
El sector tecnológico se vio particularmente afectado por la suba en las tasas, al igual que los bancos. Además, el precio del petróleo aumentó la presión en el mercado. Luego de cinco jornadas a la baja, el Brent recuperó un 3,9%, alcanzando los 103,14 dólares, mientras que el WTI se acercó a los 91,84 dólares.
A pesar de la reanudación parcial del oleoducto East-West de Saudi Aramco y de encuentros informales en la ONU, las tensiones entre Washington y Teherán han enfriado las expectativas de un acuerdo en el Golfo Pérsico.
En el contexto de los mercados emergentes, todas las miradas se centran en Brasil y sus próximas elecciones. Un informe de un banco de inversión planteó diversos escenarios. “En elecciones pasadas, el dólar mostró movimientos significativos en la semana previa a la primera vuelta. En 2014 y 2022, esos movimientos se revirtieron antes de la segunda vuelta, y en 2018, el real alcanzó su mejor posición el viernes anterior a la segunda vuelta”, observó el banco.
“Al emplear nuestro modelo junto con ejemplos de elecciones recientes en Colombia, establecemos una proyección de 4,50 a 4,80 para el dólar frente al real en un resultado electoral que se evalúe como favorable al mercado y que impulse una política fiscal más restrictiva”, agregó el informe.
En la plaza local, se observó el comportamiento esperado. Los bonos en dólares registraron su octava caída consecutiva, particularmente los del tramo largo de la curva.
Entre los bonos Bonares, el AL35 tuvo una caída del 2,5%, el AE38 un 1,7%, mientras que en los bonos Globales, el GD29 perdió un 2% y el GD35, un 1,4%. El riesgo país calculado por JP Morgan se incrementó más del 2%, alcanzando los 566 puntos básicos, su nivel más alto en cinco meses.
Este escenario se explica de manera sencilla: cuando el activo sin riesgo, como la deuda estadounidense, ofrece rendimientos superiores al 5%, la prima que se exige para un crédito argentino se expande considerablemente.
Las acciones también reflejaron esta tendencia: el S&P Merval descendió un 0,9% en pesos, acumulando cuatro jornadas de pérdidas, con los bancos liderando las bajas.
En Nueva York, los ADRs cerraron en su mayoría a la baja: Grupo Supervielle vio una pérdida del 4%, mientras que YPF logró un incremento del 1% gracias al repunte del petróleo.
Un análisis de otro banco de inversión destacó que “Latinoamérica ha logrado sortear relativamente bien una serie de crisis, incluyendo una política comercial estadounidense más proteccionista y el reciente conflicto con Irán. Creemos que tres factores clave explican esta resiliencia: 1) la región no ha enfrentado escasez física de petróleo, en parte porque varios países han desarrollado o mejorado sus capacidades de extracción, especialmente Brasil y Argentina; 2) la crisis en Oriente Medio sorprendió a la región en un periodo de crecimiento positivo; 3) esto ha permitido que muchos gobiernos subsidien parcial o totalmente los precios de los combustibles, manteniendo la inflación bajo control y los patrones de consumo mayormente estables.”
Además, se agregó que “las crisis no han concluido. La incertidumbre en torno a la política comercial estadounidense se mantendrá, y es probable que el conflicto con Irán se extienda. Ahora, El Niño y una Reserva Federal más restrictiva se suman a este panorama.”
Hoy, la atención se centra nuevamente en la economía real. Se espera que el INDEC publique los datos de pobreza e indigencia del primer semestre y el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) de julio, que representa un indicador clave para evaluar el desempeño económico antes de conocer el PBI del trimestre. Estos dos datos serán cruciales para determinar si la recuperación se traduce en mejoras en los ingresos de los hogares y si la actividad se mantiene en auge, influenciando así las posibilidades de reelección del gobierno.








