En una galería ubicada en la esquina de Concordia y Bogotá, que reúne 16 locales, ninguno de los inquilinos dejó hasta ahora su espacio, aunque algunos evaluaron hacerlo. La administración intenta alcanzar acuerdos con quienes tienen dificultades para cumplir con los pagos y evitar que abandonen sus locales.
La situación es especialmente complicada en las calles transversales y en los sectores más alejados de la avenida Avellaneda. Allí, la circulación disminuyó de manera marcada y algunos espacios comerciales atraviesan jornadas de escasa actividad. También se observa una mayor rotación de locales y la presencia de carteles de alquiler y venta, aunque los cierres no serían generalizados sobre la propia avenida.
El descenso del consumo se combina con una estructura de costos que los comerciantes deben afrontar aun cuando las ventas disminuyen. Los alquileres de los locales de las galerías mencionadas se ubican entre $200.000 y $600.000 mensuales, mientras que el salario de un empleado puede acercarse al millón de pesos.
A esos gastos se suman los servicios. En la galería, la administración comenzó a hacerse cargo de costos que anteriormente formaban parte de las expensas, entre ellos la electricidad. Las facturas de luz oscilan entre $700.000 y $1,5 millones mensuales, en un establecimiento que utiliza iluminación LED y equipos de aire acondicionado durante los períodos de temperaturas extremas.
La caída de la actividad también modificó las condiciones de los alquileres. Los valores se redujeron ante las dificultades económicas de los inquilinos y los pagos dejaron de concretarse necesariamente dentro de los plazos habituales. La administración procura flexibilizar las condiciones para evitar que los comerciantes tengan que cerrar o retirar su mercadería.
Entre los factores señalados como determinantes aparece, en primer lugar, la pérdida de poder adquisitivo. La menor capacidad de compra de los consumidores se refleja directamente en la cantidad de operaciones y, en algunos casos, hace que los locales permanezcan abiertos sin registrar ventas durante una jornada completa.
También se mencionan dificultades vinculadas con el traslado de compradores. Los micros provenientes de La Salada no pueden ingresar a Flores y deben detenerse en una terminal, por lo que quienes llegan en esos vehículos tienen que continuar el recorrido en taxis o aplicaciones de transporte. A esto se suma que algunos conductores se niegan a trasladar pasajeros que llevan bultos.
El crecimiento de las ventas por internet tampoco es considerado el principal motivo de la menor circulación en la zona. Los comercios de Flores utilizan canales presenciales y digitales, por lo que el sector opera bajo una modalidad multicanal. En ese contexto, las plataformas Shein y Temu aparecen entre los factores que inciden sobre la actividad, aunque se les asigna una importancia menor frente a la caída del poder adquisitivo.
La preocupación alcanza además a los empleados de los locales, especialmente en los casos en que parte de sus ingresos depende del volumen de ventas. Con menos operaciones, el dinero disponible queda concentrado en gastos básicos como alimentos, bebidas y servicios, reduciendo la posibilidad de destinar ingresos a indumentaria, salidas y otros consumos.
En la galería de 16 locales, la administración continúa intentando evitar nuevas salidas. En uno de los casos, una comerciante que estaba preparando su retiro recibió asistencia para afrontar el traslado de la mercadería. La estrategia consiste en buscar acuerdos individuales cuando los inquilinos tienen dificultades para pagar o evalúan dejar el espacio.
El panorama descripto reúne tres dificultades principales para el comercio de la zona: la falta de consumo, la pérdida de poder adquisitivo y los inconvenientes vinculados con el tránsito de los micros que trasladan compradores. Mientras tanto, los comerciantes continúan afrontando costos fijos elevados en un contexto de menor actividad.








