De acuerdo con el reporte, en septiembre el Gobierno registró un superávit primario de $1,4 billones y un resultado financiero positivo de $0,9 billones. Así, durante los primeros nueve meses del año acumuló excedentes equivalentes al 1,2% y al 0,3% del PBI, respectivamente.
El informe destacó que 30 de los últimos 34 meses finalizaron con superávit primario, un resultado que refleja la continuidad del ajuste fiscal impulsado por la administración de Javier Milei.
En la comparación internacional, las proyecciones del Fondo Monetario Internacional (FMI) estiman que Argentina alcanzará en 2026 un superávit financiero equivalente al 0,4% del PBI. En contraste, el promedio de los países analizados registra un déficit del 3,33%.
En materia de endeudamiento, la deuda pública argentina representa el 69% del PBI, por encima del promedio internacional del 60%. No obstante, al excluir las obligaciones dentro del propio sector público, el indicador desciende al 42%. La combinación de esta medición con el resultado financiero ubica al país entre las economías con mejores indicadores fiscales del grupo estudiado.
Pese a estos avances, GMA Capital identificó dos factores que explican por qué los activos argentinos todavía no reflejan plenamente la mejora de las cuentas públicas: el bajo nivel de reservas internacionales y la incertidumbre política de cara a las elecciones presidenciales de 2027.
En relación con las reservas, el indicador de adecuación del FMI, conocido como ARA, ubica a Argentina entre las economías emergentes con menor capacidad de cobertura. Esta situación aumenta la vulnerabilidad frente a eventuales shocks externos y posibles restricciones de financiamiento.
A ese escenario se suma el historial de incumplimientos de deuda, rupturas contractuales y episodios de inflación elevada. Según el análisis, estos antecedentes llevan a los inversores a exigir mayores garantías sobre la sostenibilidad macroeconómica antes de apostar por los activos locales.
El segundo factor de riesgo es la incertidumbre electoral. Las proyecciones sobre la evolución de la deuda dependen, entre otros elementos, de la continuidad del superávit primario y de las políticas económicas que se implementen en los próximos años. Bajo distintos escenarios electorales, las trayectorias de endeudamiento pueden variar considerablemente, lo que incorpora una prima de riesgo adicional en las valuaciones de los activos argentinos.
A estas dificultades se suma la desaceleración de la actividad económica, que plantea interrogantes sobre la capacidad de sostener los resultados fiscales y consolidar una recuperación duradera.
Durante agosto, 10 de los 15 sectores económicos analizados registraron caídas interanuales y solo cinco mostraron crecimiento. Aunque la economía acumuló una expansión del 1,2% en los primeros ocho meses del año, los indicadores más recientes reflejaron una pérdida de impulso.
Entre las actividades más afectadas se encontraron la industria manufacturera, con una contracción interanual del 3,2%, y el comercio, con una caída del 3,5%. En conjunto, ambos sectores restaron 0,9 puntos porcentuales al nivel de actividad.
También registraron retrocesos la intermediación financiera, con una baja del 3,8%; el transporte y las comunicaciones, con un descenso del 2,9%; y la construcción, que cayó un 2,5%.
En contraste, la explotación de minas y canteras creció un 11,1% interanual. También avanzaron los sectores de electricidad, gas y agua, con una suba del 4,3%, y de hoteles y restaurantes, con un incremento del 3,1%.
Sin embargo, el desempeño positivo de estas actividades no alcanzó para compensar las contracciones registradas en otros rubros. De esta manera, el informe plantea un escenario en el que la mejora fiscal convive con desafíos financieros, políticos y productivos que todavía condicionan las perspectivas de la economía argentina.








