“River no te da margen ni tiempo. Hay que ganar”, afirmó el Chacho, con un rostro serio y preocupado. Rosario Central, su próximo rival el domingo y también el club con el que tiene una mayor identificación, se presenta como una amenaza para su futuro inmediato en la institución de Núñez. Su contrato es válido hasta el 31 de diciembre de 2027, aunque existe una cláusula de rescisión que permite a ambas partes interrumpir el vínculo sin costo alguno durante el próximo mes de diciembre.
No obstante, ese escenario aún no se considera, ya que su presente es crítico. A pesar de que Coudet no mostró dudas sobre su continuidad durante la conferencia y la dirigencia tampoco ha tomado medidas para despedirlo, es evidente que una decisión antes del domingo sería imprudente, especialmente en cuanto a la planificación para un tercer interinato de Marcelo Escudero y la búsqueda de un reemplazante que cuente con el consenso adecuado. La situación es delicada en cuanto a resultados, y River no ha presentado indicadores positivos en su rendimiento futbolístico, logrando apenas tres atajadas del arquero rival, Nelson Insfrán, en La Plata. Parece lejano el recuerdo de los seis triunfos en los primeros siete partidos bajo su dirección desde que asumió el cargo el 4 de marzo, sustituyendo a Marcelo Gallardo.
Aún más preocupante es la falta de liderazgo por parte de Coudet. “Fue una decisión del club”, respondió, sin ofrecer más detalles, cuando el 17 de julio, luego de la eliminación ante Aldosivi en la Copa Argentina, fue cuestionado sobre los jugadores separados del grupo que se entrenan en el predio Cantilo. Y anoche, sobre la posibilidad de revertir esa situación, dejó en claro su escaso poder en la conformación del plantel: “Yo ya opiné del tema. No soy el indicado para hablar sobre los marginados”.
Frustrado por la ausencia de un rendimiento acorde a las expectativas, especialmente tras incluir entre los titulares a cuatro de las seis incorporaciones que River ha realizado hasta ahora, el entrenador admitió que enfrenta una coyuntura difícil en sus once años de carrera. “Es de las veces que más me ha costado hacer jugar a un equipo como quiero que juegue. Estamos terminando de armar el plantel. Necesitamos tres o cuatro jugadores más en posiciones donde tenemos muchos juveniles”, analizó, al mismo tiempo que exigía refuerzos mientras continúan las negociaciones para asegurar la llegada del mediocampista Tobías Andrada (19 años), proveniente de Vélez Sarsfield.
Con apenas cuatro ciclos —dos de ellos con el mismo DT— en los últimos 12 años, a partir del debut oficial de Gallardo el 27 de julio de 2014, River se enfrenta a una situación complicada: el riesgo de perder a un entrenador por segunda vez en el mismo año, algo que no sucede desde 2010, cuando Leonardo Astrada, Ángel Cappa y Juan José López ocuparon el cargo. Este hecho es un síntoma que trasciende a Coudet y se refleja en estadísticas inusuales para un club modelo en gestión integral, aunque con importantes problemas en el plano futbolístico, su tema principal: desde la eliminación ante Palmeiras en los cuartos de final de la Copa Libertadores de 2025, el equipo de Núñez ha disputado 43 partidos, de los cuales ganó 18, perdió 18 e igualó en siete.
En este periodo, que resultó en la salida de un personaje como Gallardo, el equipo mostró pocas actuaciones destacadas. En las 18 derrotas, se encuentran dos ante Boca, una de ellas bajo la dirección de Coudet, quien también sufrió la caída en la final del Torneo Apertura frente a Belgrano, la mencionada eliminación contra Aldosivi en Salta y el histórico tropiezo ante Barracas Central el sábado pasado.
Sin el apoyo de la mayoría de los hinchas, una situación que se puede constatar en cualquier conversación, grupo de WhatsApp o a través de las redes sociales, Coudet es consciente de que su margen de error es casi inexistente. Está bajo la obligación de ganar contra Central en el estadio Monumental, donde llegará como último en la zona B del Clausura, fuera de los puestos de clasificación para la próxima edición de la Libertadores y, a nivel personal, expuesto a los silbidos, una desaprobación que no experimentó Gallardo, pero que sí sufrió Martín Demichelis, compañero de Coudet como jugador y antecesor como sustituto del Muñeco.








