En el marco del Día Mundial de la Alopecia, que se conmemora el 7 de octubre, la especialista detalla los principales factores que provocan la pérdida de cabello, las diferencias entre los distintos tipos de déficits capilares y las opciones de tratamiento para mejorar la densidad capilar. Aunque esta condición afecta mayormente a los hombres, también es un problema que impacta a muchas mujeres.
La pérdida de densidad capilar se presenta como una de las consultas más frecuentes en dermatología, y si bien suele asociarse con la edad o la genética, varios factores pueden alterar el ciclo de crecimiento del pelo, provocando una caída más notoria, incluso en personas jóvenes.
“No todas las formas de caída tienen el mismo origen ni requieren el mismo tratamiento. La alopecia incluye diversas causas y manifestaciones”, explica Molinari. Antes de iniciar cualquier terapia, es esencial establecer un diagnóstico preciso, descartar causas subyacentes y evaluar la salud del cuero cabelludo y de los folículos.
Los tipos más comunes de alopecia incluyen la alopecia androgenética, relacionada con la herencia y con alteraciones hormonales, y que en las mujeres puede estar asociada al síndrome de ovario poliquístico. También se encuentra la alopecia areata, de origen autoinmune, que se manifiesta como áreas sin cabello, y el efluvio telógeno, que puede aparecer tras períodos de estrés intenso, enfermedades, cambios hormonales o deficiencias nutricionales.
La pérdida de pelo en casos de efluvio telógeno suele ser notoria. Dependiendo de la causa y la evolución, puede resolverse por sí sola o requerir intervención médica. Las opciones de tratamiento varían según el tipo de alopecia y las características de cada paciente, y uno de los tratamientos más conocidos es el minoxidil, que puede administrarse de forma tópica u oral. Además, se pueden implementar métodos complementarios para activar los folículos pilosos.
El plasma rico en plaquetas, un tratamiento que utiliza factores de crecimiento de la sangre del propio paciente, se aplica en áreas de menor densidad con el fin de estimular los folículos activos. También están disponibles tratamientos con láser que generan microlesiones controladas, lo que activa señales relacionadas con el ciclo de crecimiento del folículo. Estudios recientes indican mejoras en la densidad capilar, con resultados óptimos al combinar estas tecnologías con otros tratamientos existentes.
Si bien los láseres no sustituyen los tratamientos convencionales, se consideran herramientas complementarias. Entre estos, destacan los sistemas de láser híbridos que combinan un enfoque ablativo y otro no ablativo. Aunque la evidencia acerca de su eficacia aún es limitada, los resultados preliminares son prometedores y no presentan efectos adversos significativos.
El seguimiento médico durante el tratamiento es crítico, ya que permite evaluar la evolución y ajustar el enfoque cuando sea necesario. La respuesta a los tratamientos puede variar entre los pacientes, y como se mencionó, cada caso debe abordarse con un plan adaptado a la alopecia particular.
Los hábitos diarios también influyen en la salud capilar. Mantener una dieta equilibrada que incluya suficiente proteína, hierro, zinc y vitaminas del complejo B, así como gestionar el estrés y evitar el uso excesivo de calor o tratamientos químicos agresivos, son claves para la salud del cabello.
La alopecia puede tener un impacto significativo en la autoestima y el bienestar emocional de las personas. Por ello, es fundamental identificar su origen y buscar atención médica a tiempo, lo cual permite definir un tratamiento adecuado y acompaña el proceso de manera integral.
Aquellas personas que notan una pérdida creciente de cabello deben evitar iniciar un tratamiento de inmediato sin antes determinar la causa subyacente. Un examen dermatológico puede ayudar a identificar la alteración y guiar el tratamiento según cada caso específico.








