“Vengo pensando hace varios días… ¿Por qué querés hablar conmigo? No entiendo por qué una señora como yo, de más de noventa, puede ser interesante para una nota”, reflexiona con algo de sorpresa. El 24 de abril, Haydeé se desplazó en dos colectivos hasta la receptora de un medio en Villa Luro para publicar un aviso fúnebre el 25, en honor a su nieto Tincho, quien falleció en 2005.
“Cada una de estas cartas que te hago van al cielo y te las hago esperanzada en poder llevártelas yo y poder darte ese abrazo que tengo guardado hace 21 años, que es grande como ese cielo que te alberga”, comienza el emotivo obituario. “Angustia, dolor, lágrimas y mucha bronca por no intuir que algo pasaba por esa cabecita… No demostrabas algo raro, porque con uñas y dientes te hubiera arrancado de la muerte”.
El contenido del aviso fúnebre resonó profundamente en las redes sociales, volviéndola un símbolo de fortaleza. Abu Haydeé, como firmó su mensaje, comenzó a ser apreciada por muchos internautas que le enviaban ánimo y buenas energías. Al enterarse de la repercusión, aunque sorprendida, esta dama elegante y de voz clara aceptó entrevistarse en un café cercano a su hogar en Mataderos, acompañada por su amiga Marta Tomassino.
Mientras esperan su café, Haydeé comparte que ha residido en Mataderos desde 1949 y bromea sobre su conocimiento del barrio. Tras 51 años de matrimonio, enviudó en 2013, e hizo mención a sus dos hijos y dos nietos, añadiendo que uno de ellos descansa en el cielo. Recuerda a Tincho, quien a los 14 años tomó la trágica decisión de quitarse la vida una tarde de abril de 2005: “Fue algo inesperado, por eso escribí eso de que no intuía nada de lo que pasaba por su cabecita… Yo estaba muy conectada con él, nos veíamos mucho, era muy amoroso, sensible, tan bueno y tan querible, que pasan los años y lo extraño cada vez más”, dice mientras contempla una fotografía con nostalgia.
Con emotividad, Haydeé menciona que vive en la casa donde su nieto tomó su trágica decisión. “Su papá tiene un local de caza y pesca y mi nieto tenía mucho conocimiento de cómo funcionaban las armas. No sé de dónde la sacó, es algo que no pregunté. Él ese día -un lunes de abril de 2005- había ido al colegio, después sacó a pasear a la perrita y cuando volvió, cerca de las cinco de la tarde, estaba en esta casa solito… y bueno. Parece que los compañeros del colegio lo volvían loco, ahora se dice bullying. Pobrecito…”








