Fernández, actual secretario general, aspira a obtener un quinto mandato después de 18 años al frente de la organización. En esta oportunidad, la competencia interna presenta una configuración diferente a la de elecciones anteriores, con tres sectores que disputarán el control del sindicato.
La oposición estará representada por Maximiliano Escriba, dirigente de la seccional Mar del Plata; Alberto Patiño, actual secretario de Organización de la UTA; y Claudio Gómez, vinculado a la izquierda sindical. La presencia de distintas listas opositoras divide el voto entre varios espacios, mientras el oficialismo competirá en todas las seccionales.
Uno de los principales objetivos de la conducción será recuperar terreno en Mar del Plata, Córdoba, Santa Fe, Santiago del Estero y Jujuy, jurisdicciones donde la oposición logró avanzar en los últimos años.
La elección se produce además después de una modificación de las reglas internas del sindicato. Un proceso judicial impulsado por el sector que anteriormente encabezaba Miguel Bustinduy derivó en la anulación de disposiciones del estatuto que establecían requisitos para competir por la conducción nacional. Entre las condiciones eliminadas figuraban la obligación de presentar listas en todas las seccionales, contar con una trayectoria sindical previa y acreditar cursos de capacitación organizados por la propia conducción.
El nuevo esquema también permite el corte de boleta, por lo que los afiliados podrán elegir de manera diferenciada a sus representantes nacionales y seccionales.
La apertura del proceso electoral permitió una mayor presencia territorial de los sectores opositores. La denominada “Agrupación La Palacios”, en homenaje al histórico dirigente Juan Manuel Palacios, llevará a Escriba como candidato nacional dentro de la Lista Negra y competirá en 14 seccionales.
La Lista Marrón estará encabezada por Patiño, referente de la “Agrupación 2 de Julio”, un espacio que surgió de una ruptura con el oficialismo. Patiño había trabajado durante más de una década junto a Fernández y actualmente conserva el cargo de secretario de Organización. Su sector cuestiona la conducción por su posición frente a la situación laboral de los trabajadores, su relación con distintos gobiernos y sus vínculos con las empresas del sector.
La tercera alternativa será la Lista Bordó, que llevará como candidato a Claudio Gómez, chofer de la línea 86 y referente de la “Agrupación 460”, vinculada a la izquierda sindical.
El escenario electoral está atravesado por el deterioro de los ingresos de los trabajadores del transporte. En el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), la UTA acordó durante el último trimestre un incremento salarial del 10,5% para los choferes de corta y media distancia. Desde septiembre, el salario básico quedó establecido en $1.707.175, sin contemplar viáticos.
Desde enero de 2024, los salarios de los choferes del AMBA acumularon una suba nominal del 181%, frente a una inflación cercana al 246% durante el mismo período. El deterioro del poder adquisitivo se suma a una situación más heterogénea en el resto del país, donde existen acuerdos salariales fragmentados y básicos inferiores al millón de pesos.
En algunas provincias también se registraron dificultades para cumplir con los aumentos acordados debido a la pérdida del acceso al Fondo Compensador del Transporte del Interior y a las dificultades para trasladar los incrementos a las jurisdicciones.
La UTA reúne alrededor de 70.000 afiliados en todo el país y mantiene capacidad para realizar medidas de fuerza con impacto directo sobre el transporte público. El resultado de la elección tendrá lugar, además, en un contexto de distanciamiento entre la conducción del sindicato y la Confederación General del Trabajo (CGT).
Fernández rompió vínculos con la central obrera y, luego de la última modificación de su triunvirato de conducción, dispuso el retiro de los representantes de la UTA del consejo directivo. Al mismo tiempo, mantuvo una relación de carácter pragmático con el gobierno de Javier Milei, en un escenario condicionado por la evolución de los fondos públicos destinados al sistema de transporte.
La disputa interna también tiene antecedentes de larga data. Fernández asumió la conducción de la UTA en 2006, luego de la salida de Juan Manuel Palacios, quien había permanecido 22 años al frente del sindicato. En ese momento, Fernández era secretario adjunto y decidió permanecer en la organización para completar el mandato en lugar de retirarse junto con quien había sido su referente político.
La decisión profundizó su enfrentamiento con el sector vinculado a Hugo Moyano, con quien Palacios había mantenido una relación política y sindical durante los años noventa. Desde entonces, distintos sectores relacionados con Moyano respaldaron a dirigentes que buscaron disputar el control de la UTA.
La tensión alcanzó uno de sus momentos más fuertes en 2019, cuando grupos disidentes ocuparon la sede de Moreno. Fernández resistió la toma y posteriormente responsabilizó públicamente a Pablo Moyano y a Cristian Jerónimo por aquella ofensiva. Ambos rechazaron las acusaciones de participación en los hechos.
En las elecciones de 2022, el sector de Moyano respaldó a Miguel Bustinduy, principal competidor de Fernández. Fernández volvió a imponerse, mientras que posteriormente Bustinduy dejó la UTA y se incorporó a la Unión de Conductores de la República Argentina (UCRA), junto con un grupo de trabajadores del Grupo DOTA.
Con las nuevas reglas electorales y la presencia de tres listas opositoras, la votación de octubre pondrá en juego la conducción nacional y las estructuras regionales de uno de los sindicatos con mayor capacidad de movilización dentro del transporte público.







