En los últimos años, Armenia y Turquía han estado buscando estrechar lazos tras décadas de tensiones por las atrocidades de la Primera Guerra Mundial y el respaldo de Ankara a Azerbaiyán en su prolongado conflicto con Armenia.
Ambas naciones han comenzado a tomar medidas hacia la apertura de su frontera terrestre, cerrada durante más de treinta años. Recientemente, la aerolínea nacional turca lanzó vuelos directos hacia Ereván.
“Hay que abrir las fronteras, pero todo tiene su momento. Incluso sin tener en cuenta el genocidio, acabamos de salir de una guerra. No hay necesidad de apresurarse”, comentó Azat Aleksanyan, un programador de 29 años que reside en Ereván.
Durante una manifestación celebrada el jueves en la capital, cientos de jóvenes alzaron antorchas en memoria de las masacres de 1915, reconocidas como un genocidio por Armenia y más de dos docenas de países, una acusación que Turquía refuta categóricamente.
“Creo que todos los países deberían reconocerlo, porque es muy importante”, expresó Vrej Kiledjian, un técnico informático de 21 años que participó en la marcha.
Kiledjian también se opuso a la apertura de la frontera, señalando que “no es muy eficiente para Armenia. No para la economía, sino para la gente”.
Desde la disolución de la Unión Soviética, Armenia ha enfrentado dos guerras significativas con Azerbaiyán, el aliado de Turquía. La reciente ofensiva azerbaiyana en 2023 llevó a un éxodo de armenios étnicos de la región de Artsaj (Nagorno-Karabaj), parte de Azerbaiyán.
Armenia y Turquía no cuentan con relaciones diplomáticas y su frontera terrestre ha permanecido cerrada desde 1993. Sin embargo, en años recientes han manifestado interés por mejorar los vínculos.
En 2021, ambos países designaron enviados especiales para buscar un camino hacia la reconciliación. Las relaciones se han suavizado en particular desde la firma de un acuerdo de paz mediado por Estados Unidos entre Azerbaiyán y Armenia el año pasado, aunque siguen existiendo numerosas tensiones, como el encarcelamiento de separatistas armenios por parte de Azerbaiyán. Un caso notable es el de Rubén Vardanian, el último gobernador de Artsaj y un inversor destacado, condenado a 20 años de prisión por el régimen de Bakú.
—“Queremos la paz”— manifestó Artur Avanesyan, un veterano de 55 años y figura influyente en la campaña electoral del opositor multimillonario Samvel Karapetyan, al hablar con un medio desde el Memorial del Genocidio Armenio, conocido como Tsitsernakaberd.
“Tres millones de armenios viven hoy en Armenia, otros diez millones están en el extranjero, en diferentes países. Y hoy, están unidos por un mismo dolor: el dolor del genocidio”, declaró. “Esto no se ha olvidado y jamás se olvidará. Hoy, queremos la paz.








