En comercios de Buenos Aires y Córdoba se observa un cambio en los hábitos de compra. Quienes antes llevaban dos kilos ahora compran uno, mientras que quienes adquirían un kilo optan por medio kilo. También se volvió más frecuente que los clientes definan cuánto dinero pueden gastar en lugar de establecer una cantidad determinada de carne.
En Córdoba, la búsqueda de precios más bajos se refleja en una mayor demanda de carne picada y de cortes económicos, además de un incremento en las compras de pollo y cerdo. En algunos comercios, estas dos alternativas representan cerca de la mitad del consumo.
El cambio también alcanza a las comidas familiares. El consumo de carne durante los fines de semana se mantiene, aunque con cortes de menor precio. El asado puede ser reemplazado por falda u otras opciones más accesibles. A su vez, disminuyeron las compras en cantidad y se hicieron más habituales las adquisiciones diarias, ajustadas a lo necesario para preparar las comidas.
La evolución de las ventas también muestra una diferencia entre la cantidad de clientes y el volumen adquirido. En algunos comercios de Mataderos, las ventas actuales son entre un 30% y un 40% inferiores a las de hace una década, pese a que la cantidad de personas que concurren se mantiene.
Los precios de los cortes presentan diferencias según la localidad. En Mataderos, el kilo de nalga para milanesa ronda los $18.500, mientras que en Córdoba llega a unos $20.000. Las diferencias entre ambas zonas pueden ubicarse entre el 10% y el 20%, dependiendo del corte.
La brecha es todavía mayor frente a otras proteínas. En Córdoba, un chuletón de cerdo cuesta alrededor de $6.000, mientras que un corte vacuno económico como la aguja ronda los $10.000. La diferencia de precios entre ambas opciones se amplió respecto de años anteriores, cuando algunos cortes de cerdo tenían valores similares a los de la carne vacuna.
El costo de una comida tradicional también impacta sobre el presupuesto familiar. En Buenos Aires, un asado básico para cuatro personas requiere actualmente entre $32.000 y $35.000, mientras que en Córdoba el gasto estimado se ubica entre $38.000 y $40.000.
La situación también afecta a los comercios. Mantener una carnicería puede implicar gastos mensuales de entre $25 millones y $30 millones en algunos establecimientos. A esto se suman los costos de servicios, impuestos y alquileres, que también presionan sobre la estructura de gastos.
En Córdoba, el alquiler de un local pequeño puede alcanzar los $35.000 mensuales, de acuerdo con los valores mencionados por comerciantes del sector.
El escenario muestra que la concurrencia a las carnicerías no necesariamente se traduce en un nivel de ventas similar al de años anteriores. Los consumidores continúan comprando carne, pero reducen las cantidades, priorizan los cortes de menor precio y recurren con mayor frecuencia al pollo y al cerdo para adaptar sus compras al presupuesto disponible.








