Según el relevamiento, el 53,6% de la población activa cuenta con un único empleo, mientras que el 7,9% se encuentra desempleada. Entre quienes tienen más de una actividad, aparecen tanto empleos formales como informales y tareas temporales destinadas a reforzar los ingresos.
El endeudamiento atraviesa las distintas situaciones laborales, aunque adquiere mayor intensidad entre quienes combinan varias fuentes de ingresos. Afecta al 47% de quienes suman un empleo principal con trabajos temporales o tareas mediante aplicaciones, al 67% de quienes tienen dos empleos y al 51% de los desempleados. El porcentaje llega al 88% entre quienes combinan dos empleos con changas o actividades en plataformas.
La elección de un eventual nuevo puesto también refleja la importancia que adquirieron los formatos flexibles. Si todas las alternativas fueran posibles, apenas el 43% elegiría un trabajo formal, presencial y bajo supervisión. El resto se inclinaría por modalidades que incorporan algún grado de flexibilidad, como empleos formales híbridos, trabajos informales supervisados o actividades informales mediante plataformas.
Las preferencias cambian según las generaciones. Los centennials muestran una mayor inclinación que el promedio hacia un empleo formal y de características tradicionales. En cambio, millennials y personas de la generación X, que tienen una participación importante en el mercado laboral, presentan una mayor orientación hacia esquemas flexibles.
Entre quienes tienen más de un empleo, cerca de siete de cada diez prefieren alguna modalidad híbrida, independientemente de que sea formal o informal. Entre las personas desempleadas, en cambio, el 51% se inclina por el modelo tradicional, con empleo formal, presencial y bajo la supervisión de un jefe.
El contexto laboral también está marcado por el crecimiento de la desocupación y la informalidad. En el segundo trimestre de 2026, la tasa de desempleo llegó al 7,9%, mientras que la informalidad alcanzó el 45%. La desocupación representó el nivel más elevado de los últimos cinco años, mientras que la proporción de trabajadores informales llegó a su máximo desde que comenzó ese registro en 2023.
En el último año, la informalidad pasó del 43,2% al 45%, mientras que el empleo formal descendió del 56,6% al 54,9%. En términos absolutos, 10,2 millones de personas se encontraban en condiciones de informalidad frente a 12,5 millones con empleos formales.
La situación presenta diferencias entre regiones. La región Pampeana registró un desempleo del 9,7%, con porcentajes superiores en el Gran Rosario, donde alcanzó el 11,5%, y el Gran Córdoba, con 10,5%. En el Gran Buenos Aires la tasa fue del 8,2%, mientras que llegó al 8,8% en los partidos del conurbano. En la Ciudad de Buenos Aires, en tanto, se ubicó en 5,6%.
Los cambios en el mercado laboral conviven con una transformación en la manera en que los argentinos administran su dinero. Los bancos tradicionales continúan siendo la principal opción para cobrar salarios, elegida por el 49,2% de la población, y también para ahorrar, con el 42,7%. Sin embargo, las billeteras virtuales y las empresas financieras digitales reúnen las preferencias de alrededor de un tercio de la población.
A su vez, el 28,9% todavía prefiere conservar sus ahorros fuera del sistema financiero formal, mediante el tradicional método de guardar el dinero en efectivo.
Las herramientas digitales tienen una presencia mayor en las operaciones cotidianas. Las billeteras virtuales son utilizadas por el 62% de la población, frente al 43% que utiliza servicios de banca electrónica.
La tokenización de activos, en tanto, genera posiciones divididas: la mitad de los consultados se muestra a favor y la otra mitad en contra. La diferencia aumenta cuando se observa la relación previa de las personas con las herramientas financieras. Entre quienes utilizan aplicaciones de inversión, el respaldo llega al 93,6%, mientras que se reduce al 36% entre quienes mantienen sus ahorros de manera tradicional.
Al momento de definir qué hacer con los ahorros, la alternativa más elegida es la compra de un inmueble, con el 35%. Luego aparecen la reserva de dinero para la vejez, con 30%; la compra de dólares, con 28%; los viajes y el turismo, con 25%; y los instrumentos bursátiles, con 19%.
Las preferencias también varían de acuerdo con la edad y la situación socioeconómica. En los sectores de menores ingresos aparece una mayor prioridad por el consumo y el disfrute inmediato, mientras que entre los sectores medios y altos adquieren mayor relevancia los viajes, el turismo y las inversiones bursátiles.
A nivel territorial, la previsión de ahorro para la vejez alcanza al 36% en las provincias y se reduce al 21% en el Área Metropolitana de Buenos Aires. La compra de inmuebles, por su parte, presenta una mayor preferencia entre los millennials que entre las generaciones de mayor edad.
El relevamiento identifica finalmente tres grupos según la forma en que administran sus finanzas. Los llamados tradicionales representan el 38% de la muestra y se caracterizan por una edad promedio mayor y niveles de ingresos elevados. Los desconfiados reúnen al 32% y presentan mayor informalidad laboral y menor nivel de bancarización. El 30% restante corresponde a los digitales, principalmente personas jóvenes que gestionan sus finanzas mediante aplicaciones móviles.








