Vencer un cáncer de mama no implica necesariamente que todos sus efectos en el organismo se hayan superado. Investigaciones realizadas por un equipo argentino revelaron que las mujeres que han padecido esta enfermedad presentan mayor rigidez arterial en comparación con aquellas sin antecedentes de cáncer, incluso cinco años después de haberlo superado. Este descubrimiento subraya la importancia de fortalecer el seguimiento cardiovascular a largo plazo. El estudio, llevado a cabo por la Universidad Austral, el Hospital Universitario Austral y el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, fue publicado en Cardio-Oncology, revista científica que se especializa en la interrelación entre el cáncer y la salud cardiovascular. Octubre es el mes de la concientización sobre el cáncer de mama a nivel mundial, reconocido por la Organización Mundial de la Salud, enfocándose en la sensibilización, detección temprana, diagnóstico oportuno y acceso al tratamiento. La rigidez arterial elevada es un aspecto significativo, ya que se asocia a un mayor riesgo de enfermedades cardíacas. “Nuestro trabajo aporta más evidencia a la idea creciente del impacto arterial a largo plazo del denominado binomio cáncer-tratamiento”, planteó el doctor Renzo Melchiori, quien dirige el Servicio de Ecocardiografía y coordina la Cardio-Oncología en el Hospital Universitario Austral. El especialista destacó un hallazgo clave de la investigación: “Con factores de riesgo cardiovascular similares, las pacientes con antecedentes de cáncer de mama muestran una mayor rigidez arterial, incluso cinco años después de haber superado la enfermedad”. Las arterias sanas poseen la capacidad de expandirse y contraerse con cada latido, lo que las ayuda a regular la presión de la sangre en circulación. Cuando la elasticidad disminuye y la rigidez aumenta, el corazón debe esforzarse más, incrementando el riesgo de complicaciones cardiovasculares con el tiempo. Este deterioro generalmente se relaciona con factores como la edad, la hipertensión, el colesterol alto, la diabetes, la obesidad, el tabaquismo y el sedentarismo. Los investigadores se propusieron determinar si el cáncer de mama podría tener un efecto adicional, independientemente de estas variables. Para ello, analizaron la información de más de 2300 mujeres de entre 35 y 65 años sin antecedentes de enfermedad cardiovascular. A través de una metodología estadística llamada emparejamiento por puntaje de propensión, compararon mujeres con características muy similares en cuanto a edad y factores de riesgo cardiovascular, siendo la única diferencia haber superado o no un cáncer de mama. La rigidez de las arterias se evaluó mediante la velocidad de la onda de pulso, una medida que indica cuán rápido se transmite la onda generada por cada latido a través del sistema arterial. A mayor velocidad, mayor rigidez arterial se observa. Los resultados mostraron que las sobrevivientes de cáncer de mama presentaban mayor rigidez arterial, incluso en comparación con mujeres con perfiles de riesgo cardiovascular semejantes. Según el doctor Alejandro Hita, consultor de Cardiología del Hospital Universitario Austral, este hallazgo se enmarca en una tendencia que cardiólogos y oncólogos han estado observando durante tiempo. “Desde hace varios años, los cardiólogos y oncólogos hemos notado conexiones epidemiológicas entre la enfermedad oncológica y las patologías cardiovasculares”, explicó. Comprender los mecanismos responsables de esta relación podría ayudar a identificar nuevos criterios para determinar qué pacientes enfrentan mayor riesgo y, de este modo, “proteger mejor” su salud cardiovascular. En cuanto a las posibles causas, el estudio no define una única responsable de la mayor rigidez arterial. Los investigadores sugieren que podría tratarse de una combinación de factores vinculados tanto a la enfermedad como a su tratamiento. Entre las hipótesis se mencionan los efectos vasculares de determinados tratamientos oncológicos, incluidos algunos regímenes de quimioterapia; el mantenimiento de un estado inflamatorio de bajo grado, así como cambios metabólicos y celulares que pueden alterar el funcionamiento de los vasos sanguíneos. Este fenómeno es cada vez más relevante debido a los avances en diagnóstico y tratamiento, que han incrementado la cantidad de personas que sobreviven al cáncer durante largos períodos. Esto plantea la necesidad de revisar qué implica el seguimiento de un paciente una vez que finaliza la etapa oncológica. “Comprender el impacto a largo plazo del diagnóstico de cáncer y sus tratamientos en los pacientes es de suma relevancia hoy en día”, afirmó Manglio Rizzo, jefe de Oncología Clínica del Hospital Universitario Austral. “El aumento en el número de pacientes curados obliga a que todo el equipo multidisciplinario se comprometa a cuidar de ellos para prevenir otras enfermedades”, agregó. Los hallazgos sugieren la necesidad de reforzar la prevención cardiovascular en esta población, incluso si no presentan síntomas ni los factores tradicionalmente considerados de alto riesgo. Una herramienta mencionada por los investigadores es precisamente la medición de la rigidez arterial, un procedimiento no invasivo, rápido y sin agujas que podría ayudar en la detección temprana de un mayor deterioro vascular. Identificar este riesgo antes de la aparición de enfermedades permitiría implementar medidas preventivas, que van desde la actividad física hasta cambios en el estilo de vida y tratamientos farmacológicos cuando sea necesario. Melchiori señaló que las personas que han atravesado un cáncer a menudo están poco representadas en las poblaciones sobre las que se basan muchas de las herramientas tradicionales utilizadas para estimar el riesgo cardiovascular, lo que enfatiza la importancia de optimizar las estrategias de prevención primaria cardiovascular en estos pacientes.
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