“¿Qué acaba de pasar?”, cuestionó el belga, clasificado en el puesto 39 del escalafón, al firmar la placa para conmemorar su triunfo. Su próximo adversario saldrá del enfrentamiento entre el estadounidense Tommy Paul y el monegasco Valentin Vacherot, el campeón defensor.
Alcaraz no mostró satisfacción con su rendimiento durante el descanso. “¡No puedo jugar por intuición!”, protestó en un cambio de lado, una frase claramente captada por el micrófono ambiental, refiriéndose a los botes irregulares de la pelota en la superficie.
En el segundo set, su servicio mejoró, alcanzando un 100% de efectividad en el segundo saque hasta el undécimo juego, donde nuevamente Bergs le quebró el servicio. Aunque el belga no logró consolidar su turno de saque, Alcaraz reaccionó y recuperó el break, levantando un dedo a su oído para captar los aplausos del público en la pista central de Qizhong, aunque finalmente no fue suficiente para equilibrar el partido.
Esta fue la tercera participación de Alcaraz en el torneo de Shanghái, donde su mejor desempeño había sido alcanzar los cuartos de final en 2024, cuando fue eliminado por el checo Tomas Machac.
El murciano había afirmado la semana pasada que solía llegar fatigado a esta etapa de la temporada, pero que se sentía más “fresco” luego de varios meses inactivo por una lesión.
Zizou Bergs estaba destinado a tener un nombre notable, aunque pocos imaginaron que se destacaría por su propio talento. Nacido el 3 de junio de 1999 en Lommel, Bélgica, sus padres esperaban una niña y habían elegido el nombre Amélie, pero al llegar un varón, debieron improvisar. Según un perfil de ATP Tour publicado en 2024, su padre, Koen, que jugaba al fútbol en un club local, fue apodado Zizou durante el Mundial de Francia 1998, en honor a Zinedine Zidane.
Este apodo fue oficialmente inscrito en el documento de identidad del niño. También fue Koen quien le entregó una raqueta a los tres años, y sigue siendo su mayor fanático, levantándose a cualquier hora para verlo jugar en diversas partes del mundo. Sin embargo, su trayectoria no fue fácil; pasó años en el circuito Challenger, sufrió una lesión de ligamentos en la muñeca izquierda que le obligó a modificar su revés y, durante la pandemia, tuvo que trabajar en un supermercado y fabricar barbijos. Solo en 2024 logró posicionarse entre los cien mejores del mundo.
Detrás de este tenista de 27 años que este lunes logró una impresionante victoria sobre Carlos Alcaraz en el Masters 1000 de Shanghai, se encuentra una personalidad interesante. Toca el piano y la guitarra, estudia administración de empresas, crea contenido para redes sociales y desde los 15 años colabora con niños en Burundi, un país africano que visitó de joven y donde se dio cuenta de que sus raquetas y zapatillas usadas podían ser un verdadero tesoro.
Además, ha enfrentado una lucha emocional menos visible. En una columna en primera persona publicada por ATP Tour en 2025, reveló que había llegado a perder el control de sus emociones en la cancha, incluso en torneos importantes como Wimbledon. Durante años ha trabajado con un psicólogo deportivo para aprender a manejar su frustración. Su evolución ha sido gradual: disputó sus primeras finales ATP en 2025, alcanzó los cuartos de final en Shanghái y comenzó a vencer a jugadores de alto nivel. Con su victoria sobre Alcaraz, el joven que heredó el apodo de un campeón mundial ahora adquiere un significado propio.








