“En Santa Fe me dijeron de todo. Fue bastante duro. Me putearon de todos los colores”, recordó Messi, quien aún lleva consigo esa espina, pese a los numerosos títulos que conquistó y al cariño que le profesa en la actualidad un amplio sector del público argentino. Hubo una época que no resultó fácil para él, un periodo en que la selección argentina no lo abrazaba del todo, a pesar de los colores celestes y blancos que vestía.
La Copa América de 2011 dejó una huella imborrable en Messi, no solo por el hecho de ser local, sino porque Argentina, bajo la dirección de Sergio Batista, era vista como la favorita. En ese contexto, la Pulga brillaba en el Barcelona.
Desde el primer partido, el camino se tornó complicado: un empate 1-1 contra Bolivia en La Plata. El segundo encuentro, frente a Colombia en Santa Fe, marcó el inicio del distanciamiento entre Messi y ciertos aficionados.
Una situación emblemática ocurrió 35 minutos antes del final del segundo tiempo, cuando Messi se preparaba para ejecutar un tiro libre en el área. Con el marcador empatado, todos los ojos estaban en él. Sin embargo, su intento se perdió a cinco metros del arco. Su padre, Jorge, observaba atónito desde la platea. Durante ese partido, los silbidos no tardaron en escucharse, y Messi hasta tuvo un altercado en el vestuario con Nicolás Burdisso. Los hinchas de Santa Fe soltaron un estruendoso “Olé, olé, olé, Diego, Diego”, una comparación con Maradona que no hizo más que intensificar la presión sobre el jugador.
La crítica se agudizó tras la eliminación frente a Uruguay, aunque Messi fue uno de los destacados en el partido. A pesar de su desempeño, no pudo escapar de los abucheos y descontento del público. Un hecho significativo es que la selección nunca volvió a jugar en el estadio de Colón.
El descontento se amplificó meses después. Ya con Alejandro Sabella como nuevo técnico, Argentina disputó dos partidos de Eliminatorias en el Monumental: una victoria contra Chile por 4-1 y un empate 1-1 frente a Bolivia, donde el 70% de las localidades fueron ocupadas. “Nos gustaría jugar con la cancha llena. Pero nosotros sabemos que no contagiamos desde los resultados ni desde el juego”, expresó Messi, reflexionando sobre la situación.
“Mi hijo de 6 años, que ya entiende, me pregunta: ‘¿Por qué te matan en Argentina? ¿Por qué no te quieren en la Selección? ¿Por qué no te quieren ahí?’. Y yo le digo que bueno, que no son todos, que hay mucha gente que me quiere”, compartió Messi en una reflexión posterior.
Ese Messi de 2011, que dejaba Santa Fe entre abucheos y cuestionamientos sobre su compromiso, estaba aún distante del ícono intocable que es hoy. Le faltaban títulos esenciales y momentos memorables con la selección argentina. Con el tiempo, los logros y, sobre todo, su evolución personal, lograron cambiar la percepción. Sin embargo, la herida persiste como un recordatorio de un periodo en el que el mejor futbolista del mundo enfrentó la desconfianza en su propia tierra.








