Un informe del Banco Central mostró que la morosidad de los hogares continúa en niveles elevados, aunque con diferencias según el tipo de financiamiento. Los atrasos en los pagos de tarjetas de crédito registraron una leve disminución, mientras que la morosidad correspondiente a préstamos personales aumentó. El documento también advirtió que parte de la mejora observada en determinados indicadores responde a que algunos deudores pasaron a ser considerados irrecuperables y dejaron de contabilizarse dentro de esos registros.
Desde el sector de las pequeñas y medianas empresas señalaron que el deterioro de los ingresos es uno de los principales factores detrás de las dificultades que atraviesan las familias. La explicación apunta a una pérdida del poder adquisitivo que afecta la capacidad de consumo y obliga a los hogares a recurrir al financiamiento incluso para cubrir gastos cotidianos.
Milei había relacionado públicamente el incremento de los problemas crediticios con el consumo de determinados bienes durante el Mundial. En ese contexto, sostuvo que muchas personas habían recurrido al financiamiento para comprar televisores y otros productos vinculados con el evento deportivo.
La interpretación fue cuestionada desde el sector comercial, que puso el foco en los salarios, las tarifas y las dificultades para acceder al crédito. Según este planteo, una de las principales limitaciones para recuperar el consumo es precisamente la falta de financiamiento disponible para las familias.
Las dificultades para obtener crédito están vinculadas con distintos factores. Entre ellos aparecen las tasas de interés, la falta de calificación de los solicitantes y los límites de endeudamiento que ya alcanzaron numerosos consumidores. Esto reduce las posibilidades de financiar nuevas compras y limita el margen de recuperación del consumo.
A la vez, se observa un cambio en los hábitos de compra. Muchas familias recurren al financiamiento para adquirir productos básicos, como alimentos, calzado e indumentaria. También aumentó la elección de marcas alternativas y se extendió la compra de pequeñas cantidades en los comercios de proximidad.
En los sectores de menores ingresos, incluso quienes perciben salarios superiores al millón de pesos enfrentan dificultades para llegar a fin de mes cuando deben afrontar alquileres, tarifas y otros gastos. Esta situación se refleja en compras más fraccionadas y en una mayor utilización de segundas, terceras y cuartas marcas.
El deterioro, según el análisis del sector, se profundizó después de un período de recuperación que se extendió hasta los primeros meses de 2025. Las limitaciones en las negociaciones salariales y el incremento de las tarifas contribuyeron posteriormente a ampliar la pérdida de capacidad de compra. En este contexto, se estimó un atraso salarial de entre el 10% y el 12%.
El escenario también impacta sobre las pequeñas y medianas empresas, que enfrentan dificultades no solo para acceder al crédito sino también para cumplir con sus obligaciones tributarias y salariales. La caída del consumo complica la generación de fondos necesarios para sostener la producción y afrontar los compromisos habituales.
Ante la falta de liquidez, algunas empresas deben postergar determinados pagos para poder priorizar otros compromisos. El pago de salarios aparece como una de las obligaciones que se busca preservar, mientras que los atrasos pueden trasladarse a las obligaciones tributarias.
En este marco, también fueron cuestionadas las condiciones de los planes de regularización impulsados por organismos recaudadores. Desde el sector pyme se planteó la necesidad de contar con alternativas más flexibles y tasas que permitan afrontar las obligaciones sin profundizar las dificultades financieras.
El endeudamiento de los hogares, las restricciones para acceder al crédito, el aumento de las tarifas, el atraso de los salarios y la caída del consumo configuran así un escenario de presión sobre las familias y sobre las pequeñas y medianas empresas.








