En un video, la pareja compartió que al llegar a Madrid, todo parecía “color de rosa” y consideraban que habían logrado la vida que siempre habían imaginado. Sin embargo, con el tiempo, Agus comenzó a experimentar una sensación de vacío, soledad y desconexión, incluso disfrutando de una ciudad que ambos dicen amar.
“Pensamos que empezar una nueva vida en Madrid nos iba a hacer felices y durante mucho tiempo sentimos que lo habíamos conseguido”, explicaron.
“Tengo todo esto, pero no me está llenando”, expresó Agus al referirse a la crisis que comenzó a sentir después de alcanzar algunos de los objetivos que se había propuesto al emigrar.
Agus mencionó que había idealizado mucho Madrid antes de mudarse, pensando que comenzar de nuevo no sería complicado: lograrían empleo, amueblarían su hogar y, poco a poco, todo funcionaría. Con el tiempo, la pareja logró varias de esas metas. Agus tiene un trabajo con contrato indefinido de 40 horas, han amueblado su casa, poseen un auto y pueden permitirse viajar. Sin embargo, esa estabilidad no fue suficiente para que ella se sintiera plenamente satisfecha. “Me agarró como una crisis importante de decir: ‘Okay, tengo todo esto, pero no me está llenando’”, narró.
La joven también reconoció que empezó a sentirse vacía, rara y de mal humor, sin poder identificar una causa específica. Para ella, la problemática no estaba relacionada con las oportunidades laborales ni con las condiciones de vida en España, sino con cuestiones más profundas.
“Madrid no es el problema. El problema somos nosotros”, reflexionó la pareja durante el video. Agus destacó que una de las principales dificultades es la soledad inherente al proceso migratorio. La distancia con sus padres, su hermano y su abuela alteró una dinámica familiar que hasta ese momento era muy cercana.
Recordó que podía pasar uno o dos días sin comunicarse con ellos, algo impensable en su anterior vida debido a su vínculo cercano con la familia. “Me doy cuenta y digo: ‘Che, no hablé con nadie en todo el día’”, relató.
La pareja también hizo referencia a un sentimiento común entre expatriados: la sensación de soledad a pesar de estar rodeados de gente. Para Agus, contar con la compañía de Gonza es vital, pero no reemplaza el deseo de compartir momentos cotidianos con sus familiares y amigos en Argentina. A ello se suma el desfase horario, que complica aún más la comunicación con sus seres queridos. Mientras sus familiares trabajan o continúan con sus rutinas en Argentina, ella a menudo se encuentra caminando sola y con ganas de hablar con alguien.
Asimismo, reconocieron la presión de mostrarse agradecidos, conscientes de que muchas personas anhelan la oportunidad de emigrar. “Me siento culpable por sentirme mal”, confesó Agus, quien explicó que a menudo siente que no debería estar triste porque ha logrado lo que antes deseaba.
Otro aspecto que señalaron es el desgaste mental que implica empezar de nuevo: gestionar trámites, concertar citas, administrar ahorros, encontrar empleo, hacer nuevos amigos y reconstruir una identidad en un contexto diferente. “Esto de empezar de cero, los trámites que te agotan seriamente, el dinero, qué hacemos con este dinero, nos alcanzan los ahorros”, enumeró Agus al exponer algunas de las preocupaciones que emergen durante el proceso de migración.
Para intentar superar esta etapa, Agus comenzó a hacer ejercicio, salir a caminar, relacionarse con otras personas y asistir a clases de barre. También inició un proceso de terapia psicológica para trabajar su malestar.
“Llegué a este objetivo y ahora me siento vacía”, reflexionó sobre el estado que está atravesando. A pesar de las dificultades, la pareja subrayó su amor por España y las oportunidades que han encontrado desde su llegada. Para ambos, la experiencia ha implicado crecimiento, un cambio de perspectiva y el descubrimiento de nuevas habilidades.
“No me estoy quedando en mi zona de confort, estoy saliendo, quiero mejorar y voy a mejorar”, concluyó Agus, convencida de que este momento puede ser parte de un proceso mucho más amplio.







