La alimentación de los deportistas de resistencia volvió al centro del debate científico tras la publicación de una revisión que cuestiona las cantidades de carbohidratos recomendadas para carreras de larga duración. El análisis, publicado en la revista Endocrine Reviews, plantea que algunos atletas podrían sostener un buen rendimiento con una ingesta reducida de estos nutrientes, siempre que atraviesen un período de adaptación metabólica. Sin embargo, otros datos y experiencias de competición muestran que los carbohidratos siguen siendo fundamentales cuando el objetivo es mantener una intensidad elevada.
Las recomendaciones tradicionales para pruebas prolongadas suelen situar el consumo entre 60 y 90 gramos de carbohidratos por hora. La revisión propone que, en determinadas condiciones, cantidades cercanas a los 10 gramos por hora podrían ser suficientes para prevenir la fatiga asociada a una caída de la glucosa en sangre. Los autores destacan el papel del hígado en la regulación de los niveles de azúcar durante el ejercicio, especialmente cuando aparece la conocida “pájara”, una disminución pronunciada del rendimiento físico.
Durante una actividad prolongada, los músculos necesitan energía de manera constante. Cuando la disponibilidad de glucosa resulta insuficiente, pueden aparecer debilidad, mareos y dificultades para sostener el esfuerzo. El hígado contribuye a mantener el azúcar en circulación y cumple una función importante en ese equilibrio energético.
No obstante, el trabajo publicado en Endocrine Reviews es una revisión narrativa, no una revisión sistemática. Esto significa que sus autores seleccionaron investigaciones específicas para desarrollar una interpretación de los mecanismos fisiológicos, sin analizar de forma exhaustiva todos los estudios disponibles. Por eso, sus conclusiones abren una discusión sobre las estrategias nutricionales, pero no establecen una recomendación universal para todos los deportistas.
Uno de los factores centrales para interpretar estas diferencias es la intensidad del ejercicio. Un corredor profesional y un aficionado que busca completar un maratón en menos de tres horas pueden afrontar exigencias metabólicas similares si trabajan cerca de su capacidad aeróbica máxima. Por encima de aproximadamente el 75-80% del VO₂máx, la oxidación de carbohidratos adquiere un papel predominante en la producción de energía necesaria para sostener el esfuerzo.
El caso del keniano Eliud Kipchoge es un ejemplo de las demandas energéticas de la alta competición. Durante el INEOS 1:59 Challenge, el atleta completó la distancia del maratón en menos de dos horas, con un ritmo cercano a los 21 kilómetros por hora. Para sostener esa intensidad, su estrategia nutricional incluyó bebidas con carbohidratos administradas durante la carrera.
En mayo de 2026, el también keniano Sabastian Sawe registró un tiempo de 1 hora, 59 minutos y 30 segundos en el maratón de Londres. Según los datos citados en el debate nutricional, consumió aproximadamente 115 gramos de carbohidratos por hora, una cantidad que contrasta con la ingesta reducida planteada por la revisión.
La importancia de estos nutrientes también aparece en las pruebas de ultrarresistencia. El corredor español Kilian Jornet ha señalado que su estrategia evolucionó hacia un mayor consumo de carbohidratos durante las competiciones, acompañado de un entrenamiento específico para mejorar la tolerancia digestiva. Aunque estas carreras suelen durar muchas horas, los cambios de ritmo, las subidas exigentes y los tramos técnicos requieren disponer de energía rápidamente.
En esos momentos, mantener las reservas de glucógeno —la forma en que el organismo almacena glucosa en el hígado y los músculos— puede resultar determinante tanto para el rendimiento físico como para la concentración. Por eso, reducir la ingesta no necesariamente ofrece ventajas cuando el objetivo es competir cerca del máximo potencial individual.
Algunas investigaciones en corredores de élite que entrenaron específicamente su estrategia nutricional también analizaron ingestas de hasta 120 gramos de carbohidratos por hora. Estos trabajos sugieren que cantidades elevadas pueden tolerarse y asociarse con una menor carga interna y un menor daño muscular después de determinadas pruebas exigentes. Los resultados, sin embargo, dependen de las condiciones del estudio y de la preparación de cada deportista.
La capacidad digestiva es otro elemento clave. El intestino puede adaptarse a la ingesta frecuente de carbohidratos durante el ejercicio, y la exposición progresiva a cantidades elevadas puede mejorar la tolerancia y la absorción. En consecuencia, la estrategia no depende únicamente de cuánto se consume, sino también de si el organismo está preparado para procesarlo sin molestias gastrointestinales.
La revisión acierta al destacar que los carbohidratos pueden contribuir a prevenir episodios de hipoglucemia, pero ese mecanismo no alcanza por sí solo para definir una pauta nutricional general. En pruebas de más de dos o tres horas, especialmente cuando se busca competir a una intensidad elevada, la disponibilidad de energía puede influir en la capacidad de mantener el ritmo y responder a los cambios de exigencia.
El debate, por lo tanto, no se reduce a decidir si los carbohidratos son necesarios o si conviene eliminarlos. La estrategia adecuada depende de la duración de la prueba, la intensidad relativa del esfuerzo, la adaptación metabólica y digestiva, y los objetivos de cada deportista. Una ingesta reducida puede ser una alternativa en determinados contextos, pero no implica que sea la mejor opción para quienes buscan maximizar su rendimiento en competencias exigentes.








