La experiencia de un primer partido en la Copa del Mundo se vive días antes, especialmente durante las noches previas, algo que yo sentí personalmente. En Italia ’90, no jugué en el debut contra Camerún, pero Carlos Bilardo me anticipó que sería titular ante la Unión Soviética. Imaginarme todos los escenarios posibles, desde los más favorables hasta los más desalentadores, fue parte del proceso, y finalmente logré marcar un gol.
Esta selección presenta similitudes con la del ’90, pues cuenta con la ventaja de haber sido campeona recientemente y tiene una sólida base de referentes con gran jerarquía, además de contar con pocos jugadores nuevos que deben adaptarse a la filosofía de Scaloni, reconocido por su capacidad para formar grupos.
El enfrentamiento contra Argelia es hoy, y es natural que la selección sea considerada favorita. Sin embargo, es importante estar alerta, ya que en este Mundial varias potencias, como Brasil y España, han tenido dificultades para demostrar su superioridad. Aceptar que la preparación mental varía, especialmente cuando se enfrenta a equipos como Francia, es fundamental. Superar ese desafío es clave.
El equipo de Scaloni ya vivió una situación complicada en 2022 contra Arabia Saudita y tuvo que enfrentar a México cargando con la ansiedad de la posibilidad de eliminación. Este contexto puede ser de gran valor para abordar el partido frente a Argelia; soy optimista sobre el impacto de esa experiencia.
Argentina genera un profundo sentimiento de orgullo, y tener a Lionel Messi en el equipo es similar a la época en que teníamos a Maradona; provoca una gran emoción y motivación. Puedo ponerme en el lugar de los jugadores actuales que comparten campo con Leo; seguramente sienten lo mismo que experimentábamos con Diego, la necesidad de dar lo mejor porque juegan junto al mejor y no quieren defraudarlo.
Esta selección ha logrado mantener su éxito y al mismo tiempo evolucionar, albergando a jóvenes que parecen tener la madurez de veteranos gracias a su experiencia. Es crucial que se comprenda que en el fútbol hay momentos clave que pueden cambiar el rumbo, y que a veces se pierde, como la atajada del Dibu Martínez en la final. La consistencia es lo verdaderamente importante, y este equipo siempre logra generar orgullo.







