Tal como era anticipado por los analistas y el equipo económico, la inflación comenzó en abril un proceso de desaceleración, similar a la tendencia observada en el mismo periodo de 2025, tras haber enfrentado diversos choques transitorios en meses anteriores (carne, educación y otros factores estacionales y regulados).
Las proyecciones del mercado sugieren que la inflación podría mantenerse alrededor del 2% mensual en el corto plazo, lo que dificultaría alcanzar una cifra de 0% en agosto. El Relevamiento de Expectativas del Mercado (REM) proyecta una inflación mensual del 1,8% para entonces, cifra que dista de las estimaciones oficiales.
El ministro de Economía, Luis Caputo, junto a su equipo, habían indicado en el proyecto de presupuesto aprobado por el Congreso, el primero de carácter libertario, que la inflación para 2026 sería del 10,1%. Sin embargo, en los primeros cuatro meses, esa cifra ya fue sobrepasada. Más recientemente, el REM auguró un aumento de precios para fin de año entre el 30,5% y el 33%, lo que sugiere una inflación superior a la registrada el año anterior (31,5%).
El REM había pronosticado una inflación para abril ubicada entre 2,6% y 2,7%. En el área metropolitana, la inflación fue de 2,5%, lo que representa una caída de cinco décimas respecto al mes anterior. Según datos del Indec, en 2025 se reportó una inflación del IPC de 2,8% para abril, tras un pico en marzo.
El Informe de Política Monetaria (IPOM) publicado por el Banco Central (BCRA) señaló que “la ausencia de presiones inflacionarias inerciales en los mercados de trabajo y cambiario, junto con la reversión de factores estacionales, anticipa una desaceleración de la inflación”.
El organismo también destacó que, en el mes anterior, se había observado una reducción significativa en la incidencia de los grupos de precios vinculados a carnes, derivados y educación, aunque subrayó que continuaba la presión de los precios de los combustibles (debido a aumentos en marzo) y la estacionalidad adversa en la ropa.
De cara a mayo, se espera “una nueva desaceleración de los precios de las carnes, en coincidencia con una estacionalidad favorable en prendas de vestir”. El BCRA anticipa que la política monetaria restrictiva, unida a “la evolución del tipo de cambio y las expectativas de reducción de la inflación”, contribuirán a un descenso de la inflación subyacente, aunque advirtió que este panorama podría ser alterado por “la incertidumbre global, que puede traducirse en una mayor presión inflacionaria internacional”.








