El grupo está integrado por Apple, Microsoft, Nvidia, Amazon, Tesla, Meta y Alphabet. Durante los últimos años, estas compañías concentraron buena parte de las ganancias del mercado estadounidense, impulsadas especialmente por su protagonismo en el desarrollo y la expansión de la inteligencia artificial.
Sin embargo, el mercado comenzó a evaluar con mayor exigencia cuánto deberán invertir para sostener esa carrera tecnológica y, sobre todo, cuándo podrán transformar esos desembolsos en resultados concretos. La última temporada de balances volvió a poner en primer plano la capacidad de cada empresa para financiar sus inversiones, generar efectivo y sostener su rentabilidad.
Meta, propietaria de Facebook, WhatsApp e Instagram, se encuentra entre las más castigadas. Sus acciones quedaron más de un 20% por debajo del máximo de las últimas 52 semanas, luego de la presentación de sus resultados. La reacción de los inversores estuvo vinculada con el fuerte incremento del gasto en infraestructura de inteligencia artificial y sus posibles efectos sobre el flujo de caja.
Alphabet, matriz de Google, también ingresó técnicamente en territorio de mercado bajista, con una caída superior al 20% desde su máximo. La presión se intensificó después de su último balance: el jueves, sus acciones retrocedieron un 12,6%, en su peor jornada desde que la compañía cotiza en Bolsa. Durante esa rueda, llegó a poner en riesgo unos USD 482.000 millones de valor de mercado.
La empresa está destinando recursos crecientes a infraestructura de inteligencia artificial. El aumento de las inversiones de capital llevó su flujo de caja libre a terreno negativo por segundo trimestre consecutivo, un resultado que comenzó a generar preocupación entre los accionistas.
Tesla, por su parte, acumula una baja del 19,2% desde su máximo de las últimas 52 semanas. Su desempeño se caracteriza por una marcada volatilidad: pese al retroceso, en octubre había sido la acción de mejor rendimiento entre las siete compañías.
Amazon también quedó bajo presión y cotiza un 15,1% por debajo de su máximo. Las dudas sobre el volumen de recursos que deberá destinar a ampliar su infraestructura de inteligencia artificial y el impacto de ese gasto en la generación de efectivo se intensificaron alrededor de la presentación de sus resultados. La compañía prevé invertir unos USD 220.000 millones en capital durante 2026.
Nvidia, principal protagonista del negocio de chips para inteligencia artificial, registra una caída del 12,2% desde su máximo de 52 semanas. En este caso, la preocupación no está centrada en una desaparición de la demanda de sus productos, sino en la capacidad de sus principales clientes —las grandes tecnológicas— para sostener el actual ritmo de inversión en centros de datos e infraestructura.
El interrogante es si esas compañías podrán mantener indefinidamente el nivel de desembolsos que impulsa el negocio de Nvidia o si, en algún momento, deberán moderarlo para preservar sus finanzas.
En contraste, Apple y Microsoft son las dos integrantes del grupo que mejor resisten la corrección. Microsoft informó esta semana un flujo de caja libre positivo de unos USD 19.000 millones y un sólido crecimiento de Azure. Esos resultados reforzaron la confianza de los inversores en su capacidad para financiar la expansión de sus servicios de inteligencia artificial.
Apple ocupa una posición diferente dentro del grupo. Aunque forma parte de las grandes tecnológicas, el mercado no la considera una apuesta directa por la inteligencia artificial. Su desempeño bursátil continúa más vinculado con las ventas del iPhone, los servicios y su capacidad para generar efectivo.
La corrección también se extendió al resto del sector tecnológico. Alphabet perdió más de un 12% después de presentar sus resultados y Microsoft tampoco logró evitar la venta generalizada de acciones. El jueves, el Nasdaq retrocedió más de un 1%, mientras los fabricantes de chips también registraron bajas.
La presión continuó este viernes. Los contratos de futuros del Nasdaq llegaron a caer alrededor de un 2% después de los resultados de Amazon e Intel. La primera llegó a perder cerca de un 7% en las operaciones previas a la apertura de Wall Street, mientras que Intel se desplomó alrededor de un 25% tras advertir que volverá a consumir efectivo durante este año.
Aunque Intel no integra el grupo de las siete magníficas, su retroceso también reflejó el cambio de expectativas del mercado. Los inversores comenzaron a castigar con mayor intensidad a las compañías que no consiguen demostrar cómo sus grandes inversiones tecnológicas se traducirán en rentabilidad futura.
En paralelo, el rendimiento del bono del Tesoro estadounidense a 10 años descendió hasta el 4,925% el viernes, en un contexto de búsqueda de refugio frente a las ventas de acciones tecnológicas. El rendimiento de los bonos se mueve en sentido inverso a sus precios y el mercado de deuda estadounidense también responde a los cambios en las expectativas sobre las valuaciones vinculadas con la inteligencia artificial.
Durante años, las siete magníficas parecieron moverse en conjunto y concentraron una porción extraordinaria del crecimiento de Wall Street. Ahora, las diferencias entre sus desempeños muestran que los inversores ya no evalúan a todas con los mismos criterios.
Las compañías que aumentan sus inversiones y demuestran que pueden financiar ese crecimiento y convertirlo en ganancias todavía pueden recibir el respaldo del mercado. En cambio, aquellas que elevan sus gastos, consumen efectivo y demoran la obtención de retornos enfrentan una mayor presión, incluso cuando sus ventas y beneficios continúan creciendo.
La última semana dejó en evidencia la magnitud de ese cambio. Las siete magníficas siguen siendo gigantes tecnológicos, pero Wall Street parece estar dispuesto a exigirles resultados más concretos y concederles un margen de error cada vez menor.








