Para enfrentar este inconveniente, hay varias opciones disponibles para cuidar el jardín sin recurrir de inmediato a productos químicos. Una de las más populares es la infusión concentrada de ajo, un remedio casero que se utiliza como repelente debido a su intenso aroma, resultado de compuestos naturales.
El procedimiento es sencillo: se prepara una infusión, se diluye y se aplica a la planta, priorizando las áreas donde brotan flores y pequeños tomates.
El ajo contiene varios compuestos azufrados que son responsables de su característico olor. Entre estos se encuentran la alicina y otros compuestos volátiles que pueden ahuyentar a ciertos insectos.
En este sentido, los preparados a base de ajo son empleados en jardinería como parte de una estrategia de manejo preventivo de plagas. Sin embargo, es fundamental aclarar que no se trata de una solución mágica y que no sustituye el control de una infestación. La efectividad de este remedio puede variar según la especie de insecto, la concentración utilizada, las condiciones del entorno y la frecuencia de aplicación.
La periodicidad de las aplicaciones se basa en las condiciones del huerto y la presencia de plagas. Se sugiere aplicar este preparado una vez por semana, especialmente durante la floración o tras lluvias intensas que podrían eliminar el producto de las hojas.
Para quienes prefieren usarlo solo como medida preventiva, algunas recetas caseras aconsejan espaciar las aplicaciones cada dos semanas.
Es importante tener en cuenta que una sola aplicación no garantiza la protección de la planta a lo largo de la temporada. El efecto de estos preparados es limitado y puede desvanecerse con el tiempo o después de una lluvia.
La receta para preparar este remedio es sencilla y requiere pocos ingredientes. Se deben picar cinco dientes de ajo y hervirlos en 300 mililitros de agua durante aproximadamente cinco minutos. Luego, se deja reposar tapado durante unas 12 horas.
Al finalizar ese tiempo, se filtra el líquido para eliminar los restos de ajo y se diluye en un litro de agua fría.
Este preparado se coloca en un rociador y se aplica a la planta, poniendo especial énfasis en los racimos de flores, los frutos pequeños y las hojas, evitando en lo posible mojar excesivamente toda la planta.
Para disminuir el riesgo de que la exposición al sol intenso afecte las hojas, es recomendable aplicar el preparado al final de la tarde o cuando ya no haya luz solar directa.
También es recomendable probar la solución en una pequeña sección de la planta, ya que una preparación excesivamente concentrada podría dañar las hojas; por lo tanto, más cantidad de ajo no siempre implica mayor protección.
Finalmente, si los tomates ya están maduros, es aconsejable lavarlos bien antes de consumirlos.








