“Estamos aquí, manteniéndonos”, comentó un ministro. La presencia de Adorni ha generado una atmósfera de cansancio en la gestión nacional. No solo Patricia Bullrich ha perdido la paciencia, sino que un buen número de funcionarios y legisladores se quejan de tener que lidiar con este tema.
Esta semana, el Gobierno logró una victoria en el ámbito legislativo con la media sanción del Super RIGI en la Cámara de Diputados y la aprobación de un acuerdo con los acreedores. Sin embargo, esto fue solo un respiro temporal. La crisis en torno a Adorni se ha prolongado, y la relación con el Congreso se torna cada vez más adversa, con muchos proyectos del Poder Ejecutivo estancados. Además, los resultados económicos son eclipsados, las redes libertarias carecen de rumbo y la estrategia electoral para el 2027 se mantiene en suspenso. La atmósfera interna es densa, ya que todo parece girar en torno a la suerte del ministro coordinador.
En este contexto, las negociaciones con los aliados para evitar una moción de censura contra Adorni cobraron especial relevancia. El partido se encuentra en una encrucijada que equilíbrase entre el republicanismo y la necesidad de buscar tiempo para el Gobierno. Algunos, como Cristian Ritondo, optan por permitir que el Ejecutivo respire, mientras que otros, cercanos a Mauricio Macri, exigen avances más contundentes hacia la interpelación.
El misterioso senador Martin Goerling, por su parte, sorprendió al presentar un proyecto para impulsar una interpelación a Adorni. Las lecturas sobre su lealtad son variadas: mientras unos lo vinculan a Macri, otros insisten en su cercanía con Bullrich, quien esta semana intercedió para cancelar un informe de gestión de Adorni, evitando un escenario hostil.
La misma Bullrich se mostró frustrada cuando el jefe de Gabinete, en un intento por posicionarse, emitió un tuit en el que se ofrecía al Senado. “He intentado evitar que lo masacren y él vuelve al centro de atención”, se quejó la senadora. La insistencia de Adorni por mantener su imagen es cuestionable, dada la situación que atraviesa.
Las tensiones del oficialismo se reflejan también en el ambiente dentro de la Casa Rosada, donde Karina Milei, hermana del Presidente, busca reafirmar su autoridad sobre los senadores de La Libertad Avanza. La cuestión se complica de cara al futuro electoral: ¿habrá un acuerdo entre el PRO y La Libertad Avanza para las elecciones de 2027?
Desde el sector de Milei, se reconoce la necesidad de un entendimiento con los amarillos para facilitar la reelección del Presidente. La disyuntiva radica en si privilegiar alianzas en la Ciudad o en la provincia.
El efecto Adorni se siente incluso en el ámbito judicial, ya que el Ministerio de Justicia se prepara para enviar al Senado pliegos de candidatos judiciales relevantes. Sin embargo, el clima en la Cámara es más adverso que antes.
El escándalo de Insaurralde también ha dejado su huella, pero, sorprendentemente, no ha desviado la atención del caso Adorni, que sigue predominando en las discusiones de las redes sociales. Los libertarios se sienten restringidos en la crítica a Insaurralde mientras Adorni permanezca en el centro de la escena.
A pesar de los signos de recuperación económica, con un crecimiento del 0,7% en el primer trimestre, la situación de Adorni evita que se vislumbre una mejora en las percepciones ciudadanas.
Milei, consciente del problema, ha hecho algunas modificaciones en su gabinete al designar a nuevos voceros, aunque su elección se basó en recomendaciones de Adorni. Los nuevos funcionarios se han integrado a las tareas en la Casa Rosada y están alineados con las expectativas del Presidente.
Contrariamente a lo que ocurre con Insaurralde, cuya influencia en la provincia se mantiene, Adorni no cuenta con un equipo propio y su eventual salida podría no alterar significativamente el entramado del Gobierno.
Un integrante del libertarismo indicó: “Estamos intentando apagar el incendio generado por Adorni. Insaurralde, por su parte, se alejó del escenario de inmediato tras las acusaciones.”








