La presentación fue realizada el 3 de julio y aceptada por la Justicia el 21 de agosto. A través del proceso, la compañía busca reestructurar sus obligaciones y alcanzar un acuerdo con sus acreedores.
Jutex, fundada en 2009, fabrica prendas para distintas marcas y participa de varias etapas de la producción, que incluyen la elaboración de telas y tejidos, teñido, estampado y bordado. Entre las compañías para las que produjo indumentaria se encuentran Portsaid, Desiderata, Jazmín Chebar, Penguin, Paula, La Martina, Roxy, Quiksilver, Le Utthe y Rapsodia.
La situación financiera de la empresa quedó reflejada en sus operaciones bancarias. Entre febrero y julio acumuló 53 cheques rechazados por $191,4 millones. Ocho de ellos, por un total de $17,9 millones, fueron posteriormente abonados, mientras que los otros 45, equivalentes a $173,6 millones, continuaban impagos.
Además, Jutex figura en situación 3 dentro del registro de deudores del Banco Central, una categoría que refleja dificultades para cumplir con sus obligaciones.
El pedido de concurso llega tres años después de que la compañía ampliara su capacidad productiva en La Rioja. En 2023, Rioja Textil, vinculada a Jutex, inauguró una planta con una inversión de $60 millones, destinada a abastecer a la empresa y con una capacidad proyectada de 30.000 prendas mensuales.
El caso se suma a una serie de dificultades que atraviesan distintas compañías del sector textil, con menor actividad, reducción de la producción, suspensiones, cierres de plantas y concursos preventivos.
Uno de los casos recientes es el de IGT33, propietaria de Rever Pass y Be Rebel, que solicitó el concurso preventivo con una deuda superior a $7000 millones. La empresa había registrado una caída cercana al 24% en sus ventas y pérdidas superiores a $4300 millones en un año.
También se encuentra el caso de Textil Amesud, que en mayo volvió a solicitar la apertura de su concurso preventivo después de varios meses de operar por debajo de su capacidad instalada. Actualmente trabaja entre el 20% y el 30% de su capacidad, mientras que sus ventas se encuentran entre un 60% y un 70% por debajo de los niveles de tres años atrás.
La caída de la actividad también tuvo impacto sobre su estructura productiva. En 2018, Amesud contaba con entre 430 y 470 empleados y podía producir hasta 700 toneladas mensuales de telas. A comienzos de este año, su producción se había reducido a unas 150 toneladas mensuales y la cantidad de trabajadores rondaba los 250.
Los cierres de establecimientos también forman parte del escenario. Mazalosa, grupo propietario de Portsaid, Desiderata y System, cerró su planta ubicada en La Rioja. Por su parte, TN&Platex discontinuó DFAC, su marca de venta directa, y aplicó medidas en otras sucursales.
Otro caso es el de Emilio Alal, que se presentó en concurso preventivo después de cerrar su división industrial y detener las operaciones de sus plantas de Goya, en Corrientes, y Villa Ángela, en Chaco.
Vicunha, uno de los principales fabricantes de denim, también redujo su nivel de actividad. Una de sus plantas en San Juan llegó a operar por debajo del 50% de su capacidad, mientras que su dotación pasó de unos 600 trabajadores a aproximadamente 480.
La compañía informó además que su producción se redujo 50%, en un contexto en el que las importaciones de tejidos se duplicaron y las de prendas confeccionadas se triplicaron.
La sucesión de concursos, cierres y recortes de producción muestra el deterioro que atraviesa una parte de la industria textil, con empresas que enfrentan simultáneamente una menor actividad y una mayor competencia de productos importados.








