La economista cuestionó la dependencia del tipo de cambio como principal motor de la actividad económica y rechazó la idea de que la variación de la divisa deba ser la solución a la eficiencia empresarial. “No me gusta pensar que el tipo de cambio te tiene que dar la competitividad”, afirmó.
Gismondi analizó cómo se transfieren los cambios de precios al consumidor y propuso que se podría gestionar una depreciación gradual de la moneda. En ese sentido, consideró que no se está observando un traspaso fuerte a precios en el contexto actual. “Yo hoy no creo que sea tan fuerte el pass-through”, opinó.
No obstante, advirtió que el impacto dependerá de la magnitud y la rapidez de las fluctuaciones cambiarias: “Por supuesto que si tenés un salto del tipo de cambio fuerte, eso se te va a ir a precios”.
La especialista sostuvo que es esencial mantener “una depreciación más de mercado, más de un nivel de compras aún mayores” de dólares por parte del Banco Central. Detalló que esta situación se produce cuando la autoridad monetaria opta por “no esterilizar todos los pesos que esas compras de dólares te generen” en la economía. Como resultado, la divisa podría experimentar un deslizamiento controlado. “Creo que se te puede ir un poco a tipo de cambio, pero más paulatino”, indicó.
Asimismo, destacó que este ajuste tendría un efecto positivo sobre la actividad económica. “Le vas a dar aire a la construcción fundamentalmente, y eso no debería ir fuerte a la inflación”, puntualizó.
En cuanto a la evolución de los precios, Gismondi afirmó que la inflación está en un proceso de desaceleración lenta, aunque subrayó que alcanzar niveles del 1,5% mensual será un desafío. Específicamente, indicó que la resistencia a la baja está relacionada con factores como los precios estacionales y la revisión de tarifas. Ante la consulta de si este nivel podría alcanzarse en el primer semestre de 2027, planteó que “algún mes te va a tocar probablemente en 1,5%, pero le está costando” perforar ese umbral.
Esta dinámica, concluyó la economista, impacta de manera directa en la capacidad de recuperación del poder adquisitivo de los hogares. Mientras la inflación siga siendo elevada en comparación con los salarios nominales, el salario real no podrá convertirse en un motor de la demanda. “Al salario real le está costando ser un driver porque empieza a subir muy poquitito porque tenés una inflación que empieza a desacelerarse”, finalizó Gismondi.








