Esta información se desprende de un informe técnico sobre silajes de una empresa dedicada al sector, elaborado por Héctor Javier López, especialista en silajes. En el documento, se enfatiza que uno de los principales retos frente a un escenario de lluvias abundantes será lograr la entrada a los lotes para realizar el picado en el tiempo óptimo, con el fin de maximizar la cantidad de materia seca y la calidad nutricional del forraje.
“El gran reto agronómico y operativo de este ciclo no se limitará a producir toneladas de maíz, sino en capturar el potencial del cultivo, cosechar en la ventana óptima y conservar la mayor cantidad de materia seca (MS) con la máxima calidad nutricional posible”, sostuvo el especialista.
Entre las recomendaciones que se detallan, López sugiere escalonar las fechas de siembra y distribuir las superficies entre diferentes ambientes, con el objetivo de evitar que todos los lotes alcancen el momento de picado de manera simultánea. De esta forma, se busca distribuir el riesgo entre los diferentes ambientes y fechas de siembra. Así, si se presenta un periodo prolongado de lluvias, se evitará que toda la superficie se vea afectada al mismo tiempo.
El especialista también subrayó la importancia de evaluar las condiciones de los lotes para el ingreso de la maquinaria. “El mejor lote en un año húmedo no es necesariamente el de mayor potencial físico, sino aquel que garantice piso para entrar con la picadora en el momento justo”, resaltó.
En cuanto al picado, se recomienda que el porcentaje de materia seca del maíz esté entre el 32% y el 38%. Si está por debajo de estos valores, el exceso de humedad puede generar pérdidas debido a efluentes y afectar el proceso de fermentación. Por otro lado, retrasar el picado dificulta la compactación, dejando el material más expuesto al oxígeno.
Por esta razón, se recomienda medir la materia seca y no basarse únicamente en la apariencia del cultivo para decidir el momento del picado. “En una campaña lluviosa, el estado del cultivo no se estima visualmente; es imprescindible monitorear y medir la MS con datos precisos antes del arribo de la picadora”, indicó López. De igual manera, enfatizó: “Medir materia seca de forma rigurosa y no decidir el picado solamente con el ojo”.
El ingreso de maquinaria pesada en suelos saturados de agua también puede generar compactación. Ante esta situación, se sugiere planificar el trabajo con antelación e identificar los lotes con mayores dificultades para el acceso. Es crucial definir previamente los accesos, los caminos a utilizar, los lugares de descarga y la capacidad de trabajo de los equipos. En este sentido, se recomendó “planificar la logística de cosecha de antemano según el riesgo hídrico de cada lote”.
Una vez que se haya picado el maíz, López sugiere ajustar el tamaño de las partículas, procesar el grano, compactar en capas finas y sellar el silo de manera inmediata. El objetivo es crear un ambiente sin oxígeno que favorezca una fermentación controlada. “La calidad lograda en el lote solo se defiende si el manejo continúa hasta el comedero”, dijo.
Durante el uso del silo, es fundamental controlar la velocidad a la que se extrae el material, para minimizar su exposición al oxígeno. En este marco, el informe resalta que es necesario “entender que la confección y la extracción también forman parte activa de la producción del silaje”.
Por otra parte, López comentó que el uso del silaje varía según el tipo de producción. “No existe un silaje universalmente ideal, sino uno adecuado para cada planteo productivo”, explicó. En tambos pastoriles, puede servir como reserva ante excesos de humedad que dificulten el pastoreo; en sistemas a corral forman parte de las raciones, y en la producción de carne puede utilizarse en cría, recría y terminación.
En última instancia, el especialista afirmó que un excedente hídrico puede permitir que el maíz alcance rendimientos mayores si se manejan correctamente los riesgos asociados. “El exceso hídrico representa una oportunidad para expresar los techos de rendimiento del maíz si se administra el riesgo de campaña adecuadamente”, concluyó. Además, remarcó que la rentabilidad del silaje no depende solo del costo de producción de la materia seca, sino también de evitar pérdidas antes de que el alimento llegue a los animales.
“¿Cuánto nos cuesta realmente perder una tonelada de materia seca que ya produjimos?”, cuestionó. Y agregó: “Cuando hablamos de silajes, quizás la primera cuenta que deberíamos aprender no sea cuánto cuesta producirlos, sino cuánto cuesta perderlos.”








